«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

En Anónimo Veneziano (1970) de Enrico Maria Salerno, el protagonista se llama como el director, Enrico (Tony Musante), y toca el oboe en la orquesta del Teatro La Fenice. Tiene una enfermedad terminal (cáncer). Vive solo y un día cita a su esposa Valeria (la brasileña Florencia Balkan) en la ciudad de los canales de agua. Llevan siete años separados pero nunca se han divorciado. Ella vive con el hijo de ambos y con un acaudalado industrial en Ferrara.

Al encontrarse inician un camino no sólo por Venecia, sino por el pasado de ellos. Es un recorrido geográfico y biográfico de 93 minutos que es el tiempo de duración del filme. Un periplo exterior e interior. Mientras caminan pasan revista a la historia de la pareja y al mismo tiempo a los lugares históricos de una ciudad paradigmática. El personaje de Enrico hace referencia a la decadencia de su ciudad, que está en plena agonía tal y como le sucede a su cuerpo.

El hecho de que Enrico padece de un mal incurable es únicamente revelado a mitad del filme. Antes se nos dan algunos indicios como tosidos o movimientos furtivos en los que el personaje ingiere pastillas. La dinámica de la pareja es la del típico opresor y la mujer sometida. Momentos de gran tensión son los que Enrico provoca no sólo por ocultar su enfermedad sino por el hecho de estallar en ira (se entiende que ese carácter temperamental fue uno de los motivos de la separación). La fricción entre ambos también se da por la inmensa curiosidad que siente Valeria al ver a su esposo después de tanto tiempo. En algunos pasajes de la primera mitad del filme ella le exige saber el motivo de la cita sin encontrar una respuesta concreta.

Se recurre constantemente al lugar común del artista encerrado en sí mismo o en su torre de cristal. Egocéntrico. De carácter turbulento y huracanado. Bipolar, para usar un término que no estaba vigente en 1970, año de estreno del filme. La historia se cierra con la imposibilidad de Valeria de ayudar a su ex conviviente. Después de hacer el amor ella descubre una carta de despedida incompleta en la que el artista anuncia su inminente suicidio. De esta forma ella (la destinataria de la misiva)  entiende que la cita es un adiós definitivo y que la decadencia de Enrico es inevitable como la podredumbre de las aguas venecianas. Es por esto que ella regresa a Ferrara a la vida segura que tiene con su nueva pareja. Un dato importante que acaso sirva para los sociólogos: la película fue estrenada en una época en la que recién logró legalizarse el divorcio, por lo que no es errado verla como una metáfora de esa avalancha de desuniones que sufrió entonces Italia.

Una subtrama importante por darle título al filme es el concierto para oboe y cuerdas que el músico debe preparar. De hecho, el tercer acto se desarrolla en el lugar donde la orquesta del Teatro La Fenice ensaya y graba la pieza que da nombre a la película.

Filme emotivo y vibrante más que nada por la música que usa fragmentos de la Quinta Sinfonía de Bethoveen y el celebrado concierto para oboe en do menor de Alessandro Marcello, a más de la música original de Stelvio Cipriani. El otro motivo que refrenda el filme es la ciudad. Se nota que el rodaje se efectuó “fuera de temporada” ya que no hay vestigios del millardo de turistas que asaltan la ciudad anualmente. Esta ausencia de peregrinos extranjeros nos muestra una ciudad descongestionada y con espacios muy bien aprovechados por la cámara. Para los que han estado en Venecia disfrutarán de las escenas rodadas en la Piazza san Marcos y el Puente del Rialto sobre el Gran Canal, además de puentes, callejuelas, pasadizos y edificaciones desérticas.

Para terminar es importante mencionar dos cosas. La primera, que el actor Enrico María Salerno, popular por sus papeles en algunos policiales y westerns haya escogido a ésta como su opera prima. Salerno era más que nada conocido por ser la voz que doblaba a Clint Eastwood en la trilogía de westerns spaghetti de Sergio Leone (1964, 1965 y 1966). También prestó su garganta para doblar al Cristo de El evangelio según Mateo (1964) de Pier Paolo Pasolini.
Lo segundo imposible de no mencionar es la forma en que este filme se adelanta a la versión cinematográfica de Muerte en Venecia de Luchino Visconti, estrenada un año después de Anónimo veneciano. Luego vendrían títulos memorables como El comfort de los extraños de Paul Schrader y el musical Everybody says I love you de Woody Allen que se desarrollan en la ciudad de los canales de agua. Incluso filmes que nada tienen que ver con Venecia han sido influidos de cierta manera por la primera película de Salerno. Richard Linklater y su díptico Antes del amanecer y Después del amanecer le deben mucho de su estructura a este filme de 1970. Aquello de la pareja que se busca a sí misma en una ciudad histórica es una premisa que ya está en Anónimo veneciano que transcurre prácticamente en tiempo real.

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