«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

El 23 de junio de 1963, John F. Kennedy viajo a Berlín para pronunciar su famoso discurso que empezaba con la siguiente frase: Ich bin ein berliner. Dos años antes, el 13 de agosto de 1961, la Alemania comunista erigió el muro de Berlín que se convirtió en el símbolo de la Guerra Fría. En su célebre discurso, Kennedy declaró a Berlín símbolo de la democracia y la libertad.

Los lectores se preguntarán: ¿Qué diablos tiene que ver la situación geopolítica de los años sesenta con la obra cumbre del dramaturgo norteamericano Edward Albee? ¿Qué tiene que ver Kennedy, la Unión Soviética y el muro de Berlín con la historia de Martha y George, una pareja de mediana edad que reciben en casa la visita de Honey y Nick, una joven pareja de tortolitos?

Valga todo este preámbulo para afirmar lo siguiente: el dramaturgo norteamericano Edward Albee escribió ¿Quien le teme a Virginia Woolf? cifrándola con una pléyade de referencias sobre la Guerra Fría. En el acto primero, George proclama: “No abandonaré Berlín”. Esta intertextualidad en el fragor de la batalla verbal con su esposa Martha revela la influencia de la confrontación EE.UU. versus Rusia en el trabajo de Albee.

Aquí viene una pequeña lección de historia. Cuando Alemania partió en dos a Berlín, una parte de la ciudad fue administrada por la Unión Soviética y la otra por poderes occidentales. El discurso de Kennedy pronunciado en la parte “libre” de Berlín demuestra la disputa polarizada entre Occidente (EE.UU.) y Oriente (Rusia).

El muro, construido por los rusos, tenía una intención básica: bloquear el flujo ilegal de personas de Berlín Este a Berlín Oeste. La mente detrás de esa construcción tenía nombre y apellido, los del primer ministro soviético Nikita Kruschev.

De manera intencional Albee bautizó con el nombre de Nick al joven profesor de Biología de su obra de teatro. Décadas después, Albee explicó que concibió la escritura de su libro como una larga broma política. El nombre de George le vino por Washington, como representante del sueño americano. Con estas intenciones intertextuales, el objetivo dramático de Albee era el de entregar una visión cínica de la cultura norteamericana. ¿Quién le teme a Virginia Woolf? , estrenada en Broadway el 13 de octubre de 1962, no es más que una metáfora sobre la confrontación entre comunistas y capitalistas. De hecho, la sala del hogar de George y Martha no es más que un microcosmos en el que Albee explora la destrucción del american way of life.

Es evidente que esta obra política fue un producto de su tumultuosa época. La procacidad y obscenidad del lenguaje entre Martha y George impactó fuertemente a una audiencia que no todavía no veía Jerry Springer y otros talk shows chabacanos. Ambos personajes, dos cónyuges de edad madura, se tratan de manera perversa y chocante, tocando cada tema tabú de la sagrada institución matrimonial.

En 1966, Richard Burton y Elizabeth Taylor dieron vida a la pareja destructiva. Taylor, que aumentó veinte libras para su rol, recomendó al debutante Mike Nichols para dirigir la adaptación cinematográfica. Sandy Dennis interpretó a Honey y George Seagal a Nick. El guionista Ernest Lehman preservó casi todos los diálogos de Albee, sobre todo los de la pareja protagónica que en primera instancia iba a ser formada por Henry Fonda y Bette Davis.

El rodaje fue muy accidentado: la Taylor perdió un diente durante una pelea que debía sostener con Burton con las cámaras filmando (ambos actores se separarían poco tiempo después de estrenado el filme). Sandy Dennis tuvo un aborto. Los premios Oscar recompensaron un poco la accidentada filmación: Oscar a la mejor actriz principal, a la mejor secundaria, mejor cinematografía, mejor dirección de arte y mejor vestuario.

Tres resurrecciones ha tenido esta obra desde que el mismo Albee la dirigiera en los años sesenta. La primera fue en 1976, con Ben Gazzara y Coleen Dewhurst en los roles protagónicos; la segunda fue en 1989, con John Lithgow y Glenda Jackson. Cosa curiosa: a pocos meses de estrenada esta reposición, el caos político empezó a reinar en Berlín Este y Oeste. El resultado fue la caída del muro de Berlín. Desde hace cuatro meses, en Broadway, Anthony Page dirige a Bill Irwin y Kathleen Turner en los roles de George y Martha.

En definitiva, esta obra marcó una nueva era en el teatro norteamericano y supuso que Albee sea una figura comparable a la de Shakespeare en cuanto al número de producciones escenificadas. La gran competencia de Albee en su época fue Eugene Ionesco, otro dramaturgo de lo absurdo. Virginia Woolf marcó el fin de la era de Camelot como se la conoce a la presidencia de Kennedy y prefiguró de una forma u otra la atmósfera social inquietante e insana de la Guerra de Vietnam y del Watergate. Con la caída del muro de Berlín terminó la Guerra Fría pero el legado de Albee sigue vivo.

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