«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

 Inventariemos unas cuantas imágenes realmente poco olvidables: un piano botado en la playa en El piano de Jane Campion; el coronel T. E. Lawrence caminando en el desierto del Sahara en Lawrence de Arabia; la niña del abrigo rojo que corre entre edificios bombardeados en La lista de Schindler.

 ¿Qué emociones capturan a los espectadores cuando ven El evangelio según Mateo de Pier Paolo Pasolini, Hiroshima mon amour de Alain Resnais, El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela, Orfeo de Jean Coucteau o Un perro andaluz de Luis Buñuel? Se trata de filmes donde se conjuga la poesía con la cinematografía. Este trabajo intentará auscultar qué hay detrás de los filmes que destilan poiesis.

Este texto no es un inventario de los poetas que han hecho cine o los filmes que contienen matices líricos. Ese es un terreno ya explorado por el que no valdría la pena transitar. El objetivo es averiguar cuáles son los elementos poéticos que habitan los aspectos técnicos de los filmes.

Definiciones

Primero, habría que definir lo que es la poesía. Hemos usado una palabra griega (poiesis) que significa creación. En el caso del fenómeno poético estamos ante una creación verbal. Es preciso definir la poesía de la manera menos poética posible para no caer en lugares comunes. El teórico francés Jean Cohen nos puede auxiliar cuando dice que la poesía es el grado cero de la prosa, ese punto en el que se libera al lenguaje de toda norma. Ese violentar las reglas se da a través de los tropos y las figuras retóricas. La poesía permite, según el formalismo ruso, desautomatizar el lenguaje común para intentar un nuevo decir. Para crear un poema hace falta una persona, un individuo, un artista.

Cine viene de kine matos, imágenes en movimiento. Es un arte de fines del siglo XIX que proviene del teatro, la ópera, la fotografía y la música. Su soporte es una cinta de celulosa de 35 mm. En estos últimos años se está reemplazando el celuloide con vídeo digital lo cual supone la democratización de un arte siempre costoso. Para crear un filme hace falta un equipo de trabajo: un luminotécnico, un fotógrafo, un productor, un editor, un director de arte, etc.

Habrá que coincidir en una cosa para aunar los dos temas en los que estamos inmiscuidos. Tanto la película como el poema se basan en la plurisignificación o polisemia, son obras abiertas a la interpretación de sus receptores. Sin estos elementos no hay ni lo uno ni lo otro. Una vez hecha esta puntualización, empezamos de verdad.

 ¿Dónde está la poesía en un filme?

Proponemos cuatro elementos:

 1)       en la compaginación, edición o montaje,

2)       en lo icónico manipulado por la tecnología,

3)       en el sonido (paisajes sonoros y en la voz de un personaje o un narrador)

4)       y finalmente en intertítulos, subtítulos o epígrafes que aparecen en la pantalla.

 Analicemos cada uno de estos aspectos.

 El montaje

En primera instancia está el montaje, o sea, el ritmo de la película. Pier Paolo Pasolini nos hablaba de un cine de prosa y un cine de poesía. El primero usa tomas largas, el segundo prefiere los cortes rápidos, según el realizador italiano y su conocido ensayo. La poesía siempre implica recortes subjetivos y voluntarios en un grado de abstracción que no tiene límites. Tanto el montaje como la escritura de poesía tienen una analogía básica: el poeta y el montador yuxtaponen imágenes. Cortan y unen. Crean una nueva sintaxis. Ordenan la realidad a través de la escritura que generan.

Si retomamos el tema de la macropuntuación que propone la cinesemiología, tendríamos más argumentos a favor del montaje como arma poética. La macropuntuación, categoría acuñada por el teórico Cristian Metz, propone que un fundido breve equivale a una coma, un fundido más o menos largo a un punto y coma, un fundido largo a un punto seguido, si su duración es más extensa entonces equivaldrá a un punto aparte. En fin, la macropuntuación es una forma de ritmar una narración cinematográfica, narración que puede llegar a ser poética dependiendo del uso de las pausas. No tengo ejemplos a la mano de películas que usan la macropuntuación, pero todos los presentes hemos visto títulos que manejan pausas de manera poética. Pienso también en la cámara lenta, con musiquita incluida, como un efectismo poético. No lo dije al principio de este trabajo, pero lo digo ahora: puede también haber mala poesía en el cine. ¿Por qué no?

Lo iconográfico

Mientras la poesía juega con las palabras, el cine juega más con las imágenes de los objetos que con los objetos mismos. Me explico: Si yo, cineasta, registro un paisaje en un filme, éste puede resultar prosaico ante los ojos del espectador, pero si le ordeno al fotógrafo que use filtros especiales, le pido al compositor que la banda sonora debe darle un matiz sentimental a la montaña o al valle,  estoy manipulando el objeto para poetizarlo. Podríamos decir que estamos haciendo una metáfora de la realidad a partir de lo que hacemos con el fenómeno cinematográfico. Entonces podemos ver las relaciones entre el discurso poético y el cinematográfico a través de cómo lo poético se ve en el manejo de la composición visual, en el encuadre, en la creación de atmósferas intimistas. Según como se manejen estos elementos se creará el valor poético del producto cinematográfico. Es la reproducción o modelación de la realidad convertida en metáforas.

Rescatemos algunas imágenes poéticas paradigmáticas de la historia del cine y notemos cómo ha existido algún tipo de manipulación técnica. Pensemos en el caso clásico de Luis Buñuel y Un perro andaluz. La imagen de una navaja cercenando un ojo. ¿Qué nos quiere decir esta imagen citada hasta la saciedad? El director que es el mismísimo actor que está blandiendo el arma corto punzante nos está abriendo la mirada para los espectadores con el fin de que entremos en su mundo surrealista. Esta puede ser tan sólo una de tantas interpretaciones. En el momento en el que se va hacer el corte del ojo notamos también un corte de edición. Imaginemos el rodaje de Buñuel. Se hace el corte de edición para reemplazar a la actriz. Se dice que el director andaluz usó un cadáver para cortarle el ojo.

Más ejemplos: los leones de piedra de Odessa que parecen erguirse en El acorazado Potemkin. En este caso la manipulación técnica se da por obra y gracia de la edición.

El sonido

Lo sonoro poético desarrolla cuatro aspectos:

1)       La música o partitura

2)       La voz en off

3)       La voz de personajes que hablan de manera poética

4)       La creación de paisajes sonoros

La música le da un indudable matiz lírico a una escena. No sólo sirve para darle ritmo a un relato sino para enfatizar una emoción. ¿Qué sería del violín que llora en La lista de Schindler? ¿Qué sería de la enumeración de besos editados que el protagonista observa en la pantalla en Cinema paradiso? La respuesta es baladí: No existiría poiesis.

El recurso poético de la voz en off implica que un narrador podrá evocar ese paisaje de manera intimista y lírica, de tal forma que la poesía no estará solo en lo visual sino también en lo sonoro. Es importante traer a colación dos películas de un poeta de la imagen, Terrence Malick, La delgada línea roja y El nuevo mundo. Los narradores protagonistas (Jim Caviezel y Colin Farrel, respectivamente) poetizan en off sobre la historia que desfila ante nuestros ojos. En ambos casos el lirismo que surge de ambas voces se compagina con las poderosas imágenes de la naturaleza que vemos en pantalla.

Las voces poéticas no se dan únicamente fuera de cámara. Hay personajes que por exigencia dramática tienen que hablar de manera florida y rítmica, tal como sucede con los amantes de Hiroshima mon amour, los ángeles que hablan en tropos en Las alas del deseo y Tan lejos tan cerca. Otro ejemplo obvio lo constituyen los personajes shakespeareanos. Desde el más inculto hasta el más noble, todos hablan de manera florida y adornada, según las convenciones del teatro clásico. Valen los ejemplos de Orson Welles (Otelo, Macbeth, Campanadas a medianoche), Kenneth Branagh (Mucho ruido y pocas nueces, Enrique V) y Laurence Olivier (Hamlet, Ricardo II).

Finalmente, los paisajes sonoros son determinantes a la hora de crear un efectismo poético. Los diseñadores de sonido son expertos en la creación de estas atmósferas que contienen verdaderas pinceladas que consiguen crear emociones específicas. Valgan como ejemplos los diseños de sonido de Réquiem por un sueño, El aro, El ojo…

Los intertítulos

Es un recurso del cine mudo el intercalar subtítulos sobre un fondo negro con versos que hagan delirar a las masas. Si se lo hace en un filme, se habrá usado la poesía que reemplaza el papel por la pantalla. Un ejemplo clásico es el uso de epígrafes poéticos. En El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela se leen unos versos de Dylan Thomas: “La pelota que arrojé/ aún no ha tocado el suelo”. En El acorazado Potemkin los intertítulos oscilan entre lo épico y lo poético, con leyendas que aúpan el amotinamiento de los tripulantes del acorazado. Inclusive se pueden ver signos de admiración. Interjecciones. Imprecaciones. Deprecaciones. Figuras retóricas de gran fuerza emotiva. Ciertos títulos de los capítulos de Kill Bill también tienen cierto toque de poesía.

Cuatro propuestas

Estas cuatro maneras de transformar la realidad para poetizarla, o simplemente reinterpretarla, constituyen un procedimiento entre literario y cinematográfico que nunca deja de producir fruición estética en la mayoría de los espectadores.

El gran triunfo del cine es lograr convertir en imágenes aquello que la poesía solo proyecta en la mente del espectador. Veamos a la palabra imaginar como proyección de imágenes. El cine es quien mejor imagina las imágenes, si se me permite la tautología. La poesía, en cambio, tiene que usar exclusivamente la palabra o el efecto tipográfico, si se quiere, para generar imágenes.

El poeta piensa y transmite los sentimientos a través de las palabras; el cineasta lo hace a través de imágenes y sonidos.

El punto de encuentro de ambas experiencias artísticas es que centran la percepción del placer en la estimulación de los sentidos a partir del deleite que produce el contemplar la película o el oírla. Tanto el poema como el filme logran una recreación personal por parte del espectador, recreación en la que se juega a ser otro en la claroscuridad de un cine. Ese juego de identificación lo logra la fuerza de la palabra en el poema y la fuerza de la imagen en el filme. La palabra dependerá de la voz del recitador (no necesariamente la del poeta). En ciertos recitales se usa la música de una guitarra como fondo. Esto le da mayor efecto a la palabra poética. La imagen dependerá del poder de manipulación del director y su equipo técnico, desde el músico hasta el editor.

Conclusiones

Cine y poesía son dos artes que se corresponden y, en sí, se complementan. De igual manera, valdría decir que un lector/ espectador podría ver en un verso casi un primer plano o un primerísimo primer plano, así como en un plano bien compuesto se puede admirar el mejor de los versos. Ambas maneras de comunicación artística hacen que la percepción de la realidad sea más intensa, inclusive se llega a un estado de hipnosis.

La poesía y el cine, quizás, tengan más elementos en común que los aglutina que, propiamente, los separa. Son dos maneras válidas de condensar el tiempo, el mundo, la realidad.

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