«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

¿Una película es del director o del guionista? Gran interrogante a la hora de analizar «el divorcio más doloroso del cine mexicano», como calificó la cursi prensa azteca a la ruptura entre el guionista Guillermo Arriaga y el director Alejandro González Iñárritu. Los progenitores de Amores perros (2000), 21 gramos (2003) y Babel (2006) se separaron porque sus visiones sobre la autoría de una película son irreconciliables. Estaban en la torre de Babel donde se encierran sordos los artistas mas egocéntricos. El alma de ambos pesaba menos de veintiún gramos. Amores de a perro sufrían los dos.

En un libro sobre cine y literatura este caso es importante este affaire canino si queremos referirnos a la relación profesional entre un guionista (que es previamente un fabulador literario) y un director de cine. El primero tiene que inevitablemente adaptarse al segundo. No someterse, claro está, pero sí dar una serie de concesiones porque dominar el lenguaje de la literatura no es necesariamente una garantía de éxito para crear un guión audiovisual.

La polémica se parece a una telenovela o, en el mejor de los casos, a los perros que se destrozaban entre sí en la película con Gael García Bernal del año 2000. Una carta escrita por González Iñárritu y publicada por la revista mexicana Chilango (19 de febrero de 2007) es el epitafio de una relación profesional exitosa, pero llena de fricciones, que había llegado a un punto álgido. Sobre todo, porque la misiva no sólo lleva la firma del director, sino que para ser más contundente (apabullante, sería la palabra correcta) también lleva la rúbrica de buena parte del equipo de Babel, entre otros, los actores Gael García Bernal y Adriana Barraza.

Las desavenencias se mantuvieron durante un tiempo en segundo plano, aunque ya hubo indicios en el Festival de Cannes del año 2007. La prensa de Hollywoodlandia (y habría que verificar si es cierto) publicó que el realizador prohibió la asistencia de Arriaga al popular balneario francés «por haberse arrogado demasiado crédito» con el éxito de 21 gramos. Al llegar la noche de los Óscar, Babel competía con siete candidaturas en un ambiente triunfalista, alentado por la bullanguera prensa mexicana, que pronosticaba cual se mundial de fútbol se tratara, entre otros excesos, que iba a ganar la estatuilla a la mejor película. Finalmente, sólo obtuvo el premio a la mejor partitura, creada por uno de los firmantes de la misiva, el argentino Gustavo Santaolalla quien ya había ganado el año anterior un Óscar por la música de Brokeback mountain. Un mes antes Babel había obtenido el Globo de Oro a la mejor película. Arriaga manifestó en ese entonces: «Me toca un buen mordisco y estoy muy orgulloso del premio. Creo que es un reconocimiento al trabajo de todos los que contribuyeron en esta película, lo siento tan mío como el de cualquiera». Como se puede apreciar estas declaraciones no son nada territorialistas y denotan el conocimiento cabal del guionista de que un filme es un trabajo en el que varios hacen diversas contribuciones. Parece que la fractura de la relación profesional viene después, en esas pocas semanas que median entre el día siguiente de los globos de oro y la antesala del Oscar.

En esos días Arriaga (autor de novelas menores como El búfalo de la noche y Un dulce olor a muerte) reconoció que la relación laboral con González Iñárritu estaba minada. «Creo que va a ser sano que cada quien emprenda un camino distinto», declaró en una entrevista. «Son diferencias que venimos arrastrando muchos años. Los dos somos bastante territoriales y creo que se agotó la relación».  Por lo menos en estas declaraciones se puede entrever que el mea culpa es mutuo y que estamos ante la fricción de dos egos. Los matrimonios profesionales entre guionistas y directores también se degeneran. Los únicos que parecen no tener problemas son aquellos artistas que cumplen la doble función de director y guionista como Woody Allen y Kenneth Branagh. Ellos están casados consigo mismos.

Intentemos dar una visión de lo que fue la relación entre los dos mexicanos. Amores perros, el primer proyecto de ambos, fue reescrito a máquina 36 veces. Originalmente se llamó Perro negro, perro blanco; luego se pensó en otro título, Amores canijos, y finalmente quedó con el rótulo que todos conocemos. No fue un guión por encargo, como suelen establecer los personajes industriales del cine estadounidense, cuando contratan a un escritor para elaborar una historia y sólo usufructúan la maquila del «escribidor». No, en este caso, el director de 21 Gramos se sometió dócilmente –por decirlo así– al trabajo del escritor. El método para construir el texto, siempre según la revista Chilango, consistía en desmontar de manera destructiva el argumento del otro. Arriaga escribía en las noches y durante el día se reunían largas horas. Más o menos la relación profesional que tenía Luis Buñuel con Jean Claude Carriere.

Lo preocupante para la relación de ambos fue el hecho de que la presencia de Arriaga en los sets disminuyó de una película a otra. En Amores estuvo en la mayor parte del rodaje, pero su presencia en 21 gramos se redujo a pocas escenas. Según la revista, cuyo artículo que ha servido de base para este texto, antes de empezar a filmar Babel, el director le dio al guionista la peor noticia: no le permitiría acudir al rodaje. La ausencia del escritor permitió ver cosas que eran imposibles de avizorar en el trabajo de siameses que hacían hombro a hombro y hombre a hombre. Fue entonces cuando el cineasta modificó a su gusto la versión final del guión, procedimiento que es normal en cualquier película ya que la figura del director es omnipotente y la única que quizá puede hacerle mella es la del productor. Arrogándose su rol de gerente del filme, González Iñárritu hizo y deshizo el guión, según la visión que tenía de la historia. Así se lo confesó a la editorial alemana Taschen que publicó un libro sobre Babel: «La primera decisión que tomé en aras de ser congruente con la película fue excluir del guión bloques enteros de estereotipos y lugares comunes que dramáticamente no aportaban nada y que dibujaban ese México idealizado y gracioso que ya no existe».

Para quienes no la han visto (o para quienes la han visto y no la recuerdan muy bien) Babel cuenta tres historias que transcurren en lugares distintos, la frontera entre México y EEUU, Japón y Marruecos.

La que nos atañe es la parte japonesa en que se cuenta la historia de una adolescente sordomuda, interpretada por la actriz Rinko Kikuchi, que se siente rechazada e imposibilitada para concretar una relación sentimental, pero Arriaga asegura que en el guión (originalmente titulado El ultimo día) se trataba de una adolescente española que perdía la vista.

El guionista Carlos Cuarón (hermano de Alfonso Cuarón) se entromete en la polémica al renegar de la «autoría» cinematográfica exclusiva de los guionistas, a propósito del rompimiento profesional del Negro González Iñárritu y don Guillermo. Carlos Cuarón, co guionista de Y tu mamá también, escribió un artículo para la revista Letras Libres titulado «De guiones, guionistas e indios». Es interesante que el hermano menor de Alfonso (director de una de las entregas de Harry Potter) quiera reclamar atención mediática cuando estaba por estrenar su ópera prima Rudo y cursi (2008) con Gael Garcia Bernal y Diego Luna en los protagónicos.

Cuarón, en su reflexión, subraya que una película es un trabajo colectivo, aunque el papel del guionista sigue siendo injustamente menospreciado.

Sin embargo, hermanito de Alfonso considera equivocado «el sentimiento patrimonialista» de la película por parte de algunos colegas. «Dignificar el papel del escritor en el cine –afirma– no significa traicionar la esencia colaborativa del medio. Es imposible que el guión sea una ‹obra completa o terminada›. Si así fuera, iríamos al cine a ver la proyección de ciento veinte páginas de texto en la pantalla. Guión viene de ‹guía› y eso es lo que es: un plano maestro necesarísimo e irremplazable para hacer una película específica. En el cine, hablar de ‹obra› (término por demás pedante) es hablar de la película terminada. Indignarse por la semántica de las palabras me parece pueril. Guionista es sinónimo de escritor de películas, como guión es sinónimo de texto cinematográfico. Ninguno es un término peyorativo. Da igual cómo se diga. Además, si la obra es el producto de obrar, prefiero seguir haciendo guiones».

Aunque entre líneas el artículo de Cuaroncito suene a «yo también sé lo que es el proceso de hacer cine», es bienvenida la reflexión semántica de conceptos como guión, guionista y obra. Aunque el novel cineasta no quiera traer a colación el sesgo religioso que tiene la palabra obra. Parece que la postura de El Negro Arriaga causó mucho escozor en el mundillo cultural mexicano y removió algunos egos, incluyendo el de él que ya estaba más que removido.

Habrá que ver con el tiempo quien sale perdiendo. Si el director perro o el guionista perro. Este último ha demostrado que no depende de su ex jefe al escribirle un libreto a Tommy Lee Jones, Los tres entierros de Melquíades Estrada (2005), que ganó la Palma de Oro al mejor guión original.

Antes de concluir, transcribimos los párrafos finales de la ya célebre misiva de González a su ex guionista.

 Guillermo:

Qué lástima que en tu injustificada obsesión por reclamar la sola autoría de una película parezcas desconocer que el cine es un arte de profunda colaboración.

No fuiste –y nunca te has dejado sentir– parte de este equipo y tus declaraciones son un lamentable y muy reductivo punto final de este maravilloso y colectivo proceso que todos nosotros hemos vivido y ahora celebramos.

Es una pena que a lo largo de un año, en la mayor parte de las entrevistas que te han hecho y que hemos podido leer, más que un reconocimiento al trabajo de todos nosotros, sólo hemos podido percibir amargura y un insistente reclamo de atención mediática hacia tu persona. Suerte en tus futuras películas.

 Analicemos someramente esta parrafada del director perro. La obsesión de Arriaga no es injustificada. Históricamente está evidenciada. Surge a partir de 1911, año en que se creó el departamento de guiones en el sistema de producción en Norteamérica. Desde esa fecha el guionista es un amanuense, un artesano, un no escritor. Este lastre lo ha venido arrastrando el puesto. El problema surge cuando el guionista es un escritor, un fabulador con cuentos o novelas publicadas y exige que su estatus literario sea trasladado al cargo de guionista.

En segundo lugar, desde el momento en el que un escritor le imprime su sello personal a la historia (no a la película) tiene derecho a reclamar la autoría. En este sentido la forma en que el cineasta cuente la historia será patrimonio exclusivo de él. La premisa dramática, el tema, los diálogos son elementos que le pertenecen al guionista. Cómo se presentan de manera audiovisual esos elementos es potestad del director. Las tres películas que hizo el perro guionista con el perro director tienen la impronta del primero en la historia y la marca del segundo en el filme terminado. Lo que molesta en la carta es que el director acuse a su enemigo de reclamar «la sola autoría». No tenemos la contraparte para determinar si es cierta o no esa declaración, pero se trata a simple vista de una exageración del director. De hecho, el Negro Arriaga se ha mantenido al margen de la polémica y no ha querido responder a su ex patrón. La verdad es que ningún guionista en su sano juicio puede reclamar «la sola autoría». Eso es inconcebible porque la autoría (lo dice este libro a cada rato) es colectiva. Eso es tan elemental que el guionista perro no pudo haberlo pensado y mucho menos ladrado.

Lo que se nota en la misiva pública es un desgaste de la relación profesional. El firmante se aprovecha de la crisis para dar por terminada definitivamente la relación. Eso se ve en la última frase: «Suerte en tus futuras películas». Despedida que no deja de tener algo de ironía ya que puede significar: «¿Quieres hacer películas que sean totalmente tuyas? Pues hazlas. Tienes campo libre». Y para que no haya respuesta Iñárritu ordena a sus empleados cinematográficos que firmen con él. Eso se llama aprovecharse de la jerarquía y meter en la ensalada ingredientes que no corresponden.

Quien sale perdiendo en esta polémica es el público que se perderá de ver esa deliciosa combinación de dos talentos caninos. El ingenio del director para interpretar el genio del guionista. El ingenio del guionista para seguir las sugerencias de un director genial que sabe como trasladar las palabras del guión a imágenes y sonidos porque es él quien la maneja la cámara, los actores, el director de fotografía y todo el equipo.

Quien sale ganando en esta polémica somos nosotros, los escritores, los críticos, los cinéfilos, los historiadores del cine, y somos quienes en verdad nos enriquecemos en este debate. Nosotros sabemos que estos desamores perros son la ilustración de dos cargos (el de director y el de guionista) que puede ser complementarios, incluyentes o excluyentes. No será la primera ni la ultima ruptura entre dos miembros de un equipo que hace cine.

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