«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

A Christmas Carol (2009) es otro filme en el que su director Robert Zemeckis (Chicago, 1951) explora las posibilidades visuales que ofrece el capture motion conocido en forma abreviada como mo cap. Esta técnica de animación consiste en usar actores teniendo como fondo una pantalla azulada. La captura de movimiento es facial y corporal. Esto se logra con sensores esparcidos por el rostro y el cuerpo. Este proceso permite grabar en forma digital la interpretación de los actores con cámaras operadas por computador. El resultado: una cobertura total de 360 grados, permitiendo que la película sea presentada en formato 3D.

Esta técnica del mo cap ha sido desarrollada y perfeccionada por Zemeckis en filmes como el navideño El expreso polar (2004) y la épica medieval Beowulf (2007). Al igual que su predecesora navideña del 2004, A Christmas Carol o Los fantasmas de Scrooge (como es su título comercial) basa su éxito en delegarle múltiples voces y personajes a un solo actor. En El expreso polar fue Tom Hanks –ganador del primer Óscar de su carrera a órdenes de Zemeckis por Forrest Gump (2004) – y ahora es Jim Carrey el que intenta repetir la versatilidad actoral de Hanks. Carrey realiza seis voces: dos fantasmas (el del presente y del pasado) y cuatro Scrooge: de niño, adolescente, adulto y Scrooge viejo. Si comparamos con el actor principal de El expreso polar sale perdiendo el estrambótico Jim Carrey. Hanks hace seis voces también pero más diferenciables: la de Santa Claus, la de Scrooge (sí, Scrooge aparece en El expreso polar), el niño protagonista, el padre del niño, el conductor y Hobo, el acomodador del tren.

Desde que filmó su trilogía (mezcla de Borges y H. G. Wells) de Volver al futuro (1985, 1989 y 1990), Zemeckis siempre se promocionó a sí mismo como un devoto de los adelantos tecnológicos. Nunca dejó de estar a la vanguardia. Lo confirmó con Forrest Gump que es un alarde de efectos, más que nada en las escenas en las que el protagonista homónimo se entrevista con personajes históricos y el célebre vuelo de la pluma en el aire. Nada mal para un director cuyo debut fue una teenage movie sin ningún F/X. Estamos aludiendo a I want to hold your hand (1978) sobre un grupo de jóvenes fanáticos persigue a los Beatles en su primera visita a Norteamérica. Hilarante comedia más auténtica que cualquiera de sus posteriores blockbusters.

Otros de sus filmes memorables (por sus efectos más que por su calidad discutible) son Death becomes her (1992) en el que Bruce Willis encarna a un cirujano estético que encuentra la pócima de la eterna juventud para Meryl Streep y Goldie Hawn; Contact (1997), un canto de amor a la posible vida en otros planetas, historia cortesía de Carl Sagan con Jodie Foster en el protagónico; y Cast away (2000), vehículo de lucimiento para un solo actor, Tom Hanks, cuyo monólogo se ve opacado por las realistas escenas de naufragio previa caída de un avión en las aguas océanicas.

¿Qué aporta el nuevo filme de Zemeckis en relación con sus anteriores animaciones? Los diseñadores gráficos no hicieron todo por computadora. Trabajaron a mano, a la vieja usanza, como si fueran los primitivos dibujantes de Walt Disney, compañía que por cierto produce el filme. Sin embargo, respetaron el material filmado en soporte digital de los actores y los movimientos faciales y corporales siempre fueron referencia. Cabe señalar que es la segunda alianza entre Zemeckis y la mítica compañía de dibujos animados. En 1988 trabajaron en ¿Quién mató a Roger Rabbit? una de las primeras películas en aunar de manera perfecta a personajes de carne y hueso con caracteres animados.

 ¿Qué aporta la versión de Zemeckis con respecto de las anteriores adaptaciones de la novela corta de Charles Dickens? La respuesta tiene que apuntar a lo visual. Es realmente memorable el diseño del personaje del espectro de Marley (voz que pertenece al gran actor inglés Gary Oldman). Sus pesadas cadenas, los baúles metálicos que debe arrastrar, el momento en el que su boca se desencaja y habla de manera hilarante…

El mejor momento (dentro de lo atractivo del planteamiento visual) es el sobrevuelo de Scrooge sobre Londres (gran aporte de Zemeckis porque Dickens no lo usa como recurso). Por más que existan anacronismos, como la aparición del Puente Millenium (abierto en el 2000), el Globe Theatre (restaurado y reabierto en 1997) y el Puente Southwark (hecho en 1921), la secuencia resulta un derroche de ingenio y es un verdadero goce de vértigo en formato 3D. Todo ese viaje que uno de los fantasmas le permite al protagonista resulta visualmente ingenioso. Pero nada más. No llega a lo genial.

Aspectos encomiables del filme: la dirección de arte (decorados interiores), el diseño de producción (impecable la ciudad de Londres del siglo XIX) y la música. Alan Silvestri sabe que el título original de la obra de Dickens es Un villancico de navidad. El premiado compositor de Forrest Gump ha trabajado con un villancico tradicional y se ha permitido interpolar variaciones del mismo en cada trecho del filme.

El guión merece un párrafo aparte. El director Zemeckis que también oficia de guionista ha respetado la estructura original de 5 episodios del cuento largo de Dickens. Entre paréntesis: el libro original publicado en 1843 titulaba a cada capítulo como pentagrama, de tal forma que uno leía Stave one: Marley´s ghost. Esta forma de rotular cada bloque estaba en concomitancia con la intención musical del autor. Zemeckis, repetimos, ha seguido la estructura cronológica de Dickens, pero no todos los diálogos. No están tal cual en el libro como se puede apreciar en algunas escenas del filme. Esto es un mérito porque implica adaptar el lenguaje teatral de los parlamentos originales a una lengua más coloquial. Claro que se respetan modismos como el famoso humbug de Scrooge que se traduce como pamplinas. Entre los hallazgos de Zemeckis hay uno al final: la forma en que remata la historia. Lo hace usando a Gary Oldman quien en la última escena se despoja de su personaje de Bob Cratchit y se convierte en un narrador diferido. Prácticamente recita los dos últimos párrafos del texto original de Dickens y concluye la historia dándole un toque de colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Otro párrafo se lo gana Jim Carrey. Su Scrooge tiene un humor ácido que tiene obviamente su sello personal pero su gran aporte es el del fantasma del pasado. La voz cálida y dulce que le imprime a ese amigable poltergeist es de antología. La escena en la que el espectro danza de izquierda a derecha de manera juguetona (dándole a entender a Scrooge que no debe tenerle miedo) es una de las más graciosas del filme. Después de la impresionante aparición del espíritu verdoso de Marley era necesario que el fantasma del pasado fuera  vivaracho y travieso.

Otros actores que dan vida vocal a los personajes animados: Robin Wright (Belle, el único amor en la vida Scrooge), Gary Oldman (quien aparte de Bob Cratchit, hace las voces de Tiny Tim y del fantasma de Marley), Colin Firth (Fred, el sobrino de Scrooge), Bo Hoskins (Mr. Fezzwig y Old Joe) y hasta Leslie Zemeckis, esposa del director (esposa de Fred).

Como conclusión cabe anotar que si el cine de animación pretende crear la ilusión total de estar frente a seres humanos todavía estamos lejos. Es un paso más. No el definitivo. En el cine de Zemeckis es notable esa ilusión pero es parcial. En escenas como las del baile –en el que el joven Scrooge conoce a Bella– el espectador sabe que está frente a un espejismo animado.

Entre todas las adaptaciones de Scrooge esta es, sin duda, una de las mejores. No sólo por su género (la animación) sino por captar el espíritu de la obra original de Dickens, por respetar el contexto cronológico y geográfico. Además, Zemeckis se ha acercado a la obra literaria porque trata de uno de sus temas favoritos: el viaje en el tiempo. Por todas las razones aquí esgrimidas A Christmas Carol o Los fantasmas de Scrooge constituye un regalo adelantado de navidad para los cinéfilos. Sobre todo para los seguidores de Zemeckis.

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