«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

Este artículo parte de una premisa básica: Avatar, independientemente de su calidad o falta de calidad estética, forma parte de una revolución en la industria del cine (aunque no es una revolución en sí misma). Para argumentar esta aseveración nos dejaremos llevar por Thomas S. Kuhn y su libro La estructura de las revoluciones científicas.

Dice Kuhn que las crisis son necesarias para la instauración de nuevas teorías. Nosotros añadimos y por qué no para la fundación de nuevas tecnologías. En el mundo postcapitalista del año 2154 los terrícolas han invadido Pandora. El planeta Tierra está en crisis. No hay petróleo. No hay agua y se nos sugiere que los humanos están en pos de nuevos horizontes galácticos. Léase en pos de nuevas conquistas o invasiones. El planeta que han invadido contiene una reserva no explotada de un mineral que permitirá construir bombas más poderosas que las atómicas. Esta reserva está justo en la zona más paradisíaca de Pandora, donde se encuentra el luminoso árbol de las almas. Pandora se convierte en el paraíso que debe ser conquistado para reemplazar al perdido.

Pandora es la diosa de la reinvención y de la destrucción, según la mitología griega. Todo lo creado por el hombre es imperfecto y por eso corre el riesgo de ser destruido, nos dice James Cameron en su filme Avatar (2009) donde un planeta lleva el nombre de la diosa.

Para los lectores de Hesíodo, Pandora fue la primera mujer creada por Zeus, enviada a la tierra como un castigo por la transgresión de Prometeo. Llegó para alertar a los humanos sobre los riesgos de la curiosidad, del dominio técnico y de la manipulación de la naturaleza con fines utilitaristas. Desde entonces, el nombre de Pandora ha sido asociado con un matiz trágico.

James Cameron, director de Avatar, destruye el significado mítico de Pandora y bautiza con ese nombre al planeta al que los terrícolas van en plena decadencia del postcapitalismo. La Pandora de Cameron es más bien un planeta inspirado en Gaia o Gea, otra diosa griega del estímulo creativo. La Pandora del director de Avatar es un planeta new age, en perfecta armonía entre hombre y naturaleza, que no por casualidad se llama Gaia en la lengua Na’ avi que es la que hablan los Na´vi, raza de alienígenas salidos de la mente light del director.

No sabemos si Cameron ha leído al científico ambientalista James Lovelock y su hipótesis de Gaia: “una entidad compleja que implica a la biosfera, atmósfera, océanos y tierra; constituyendo en su totalidad un sistema cibernético o retroalimentado que busca un entorno físico y químico óptimo para la vida en el planeta”.

Avatar pondera esa entidad compleja, de la que hablaba Lovelock, en la que sus organismos forman un todo como lo sugiere la filosofía panteísta, una biosfera en la que todo está conectado. Lejos de las redes sociales de Internet, en las que el ruido y la banalidad es un denominador común, Pandora cuenta, es, una red planetaria con la que todos los organismos pueden comunicarse a través de los árboles; así navegan incluso entre sus antepasados, en una exaltación de la memoria en crisis. Crisis de la que nuestra sociedad posmoderna está enferma.

Leamos un diálogo vital para entender cómo funciona ese ecosistema autoregulado que es Pandora.

Dr. Grace Augustine: What we think we know – is that there’s some kind of electrochemical communication between the roots of the trees. Like the synapses between neurons. Each tree has ten to the fourth connections to the trees around it, and there are ten to the twelfth trees on Pandora…

Selfridge: That’s a lot, I’m guessing.

Dr. Grace Augustine: That’s more connections than the human brain. You get it? It’s a network – a global network. And the Na’vi can access it – they can upload and download data – memories – at sites like the one you just destroyed.

Selfridge: [after a stunned pause] What the HELL have you people been smoking out there?

[beginning to laugh]

Selfridge: They’re just. Goddamn. Trees.

Dr. Grace Augustine: You need to wake up, Parker. The wealth of this world isn’t in the ground – it’s all around us. The Na’vi know that, and they’re fighting to defend it. If you want to share this world with them, you need to understand them. [1]

Si en la Pandora griega, castigo de los dioses, aparecen todos y cada uno de los conflictos de lo que hacemos; en la de Cameron llama la atención la ausencia de ideologías. No es nihilismo, es vacuidad. Pandora es una utopía cibernáutica en la que el conocimiento es un bien común compartido. Pero como la de los cibernautas, es una utopía donde no hay ideas.  En el subtexto está presente el mito del buen salvaje de Jean Jacques Rousseau. El hombre primitivo vive al natural (los Na´vi). Está marcado por la inocencia y por su contacto íntimo con la naturaleza.

 CAMERON COMO SUPUESTO CREADOR DE UN PARADIGMA

Originalmente, Avatar se remonta a 1995, año en que James Francis Cameron (Ontario, 1954) escribió el guión y empezó a desarrollar el proyecto hasta el punto en que se dio cuenta de que, sencillamente, no podía llevarlo a la pantalla, ya que las herramientas cinematográficas aún no estaban listas.  Sus filmes siempre se caracterizaron por la espectacularidad visual pero los guiones nunca fueron su punto fuerte. Su primer gran éxito fue Terminator (1984). Le siguieron Aliens, el regreso (1986), El abismo (1989), Terminator 2, el juicio final (1991), la comedia Mentiras verdaderas (1994) y Titanic (1997).

Cameron es el supuesto creador de un paradigma: cada uno de sus filmes se vale de los últimos adelantos tecnológicos. No hay tal condición paradigmática. En Avatar, por ejemplo, hay algo que no es invento de él: la tecnología motion capture (captura de movimiento) conocida también como mo cap, que permite que los movimientos de un actor y sus expresiones sean aprehendidos electrónicamente y trasladados a imágenes creadas por computadora, para así darle vida a un personaje.

El verdadero hallazgo técnico de Cameron es haber desarrollado un sistema que combina la cámara 3D, el mo cap y los efectos de CGI (computer graphic images). Este sistema que ya lo usó Cameron para su documental de 2003, Ghosts of the Abyss (documental en el que se una con miembros de la NASA para explorar grutas submarinas), y luego refinó y afinó el sistema para utilizarlo en Avatar. “Lo que se ve”, asegura Cameron en una entrevista que le hace el diario La Nación, “es parte de la evolución natural del CGI (imágenes creadas por computadora) y la tecnología de captura de interpretación y todo eso. Hay una revolución en el 3D, y Avatar formará parte de este progreso. No hubo, hasta ahora, una película emblemática de acción en vivo hecha en 3D. Quizás Avatar pueda servir para probar su factibilidad.” Cameron olvida intencionalmente las películas The Polar express, Beowulf y A Christmas Carol de Robert Zemeckis. Todas ellas emblemáticas en lo que se refiere a la acción en vivo. Sin embargo, en esos filmes se notaba claramente que estábamos ante muñecos. Con Avatar el fotorrealismo es notorio y los avances dignos de ser admirados pero no son la panacea.

Otras perlas del director de Avatar: “Quería crear algo que me hubiese encantado ver de joven. Algo que fuese muy visual, completamente imaginativo y original. Llevar al espectador allí donde nunca estuvo antes. Si vas a sacar a la gente de su casa para llevarla al cine, mejor será mostrarles algo que nunca hayan visto. Mi meta con Avatar es recrear lo que sintió mi generación cuando vio 2001: Una odisea del espacio por primera vez. O, diez años más tarde, lo que fue la saga de Stars Wars para toda otra generación”.  Está en lo cierto Cameron cuando apunta que su narrativa es muy visual y muy imaginativa, pero de allí a que haya originalidad hay un gran trecho. El común denominador de los espectadores se fascina con Avatar pero no en la medida de clásicos como el filme de Kubrick o la saga de George Lucas.

Las técnicas que usa Cameron, insistimos, no son novedosas puesto que constituyen una combinación de diversas tecnologías que ya se venían utilizando por separado: un equilibrio entre cámaras filmadoras 3D, sensores y animación generada por computadora, con una pizca de previsualización en tiempo real de las escenas.

La clave se encuentra en el desarrollo por parte de Sony para poner a disposición de Cameron unas cámaras livianas, con lentes de alta definición, que registran imágenes en 3D en un formato apto para ser visto por el público sin problema alguno.

En esta modalidad, el director dispone de los actores que utilizan un traje con sensores, que son captados por 140 cámaras en un enorme galpón. Mediante una pantalla portátil, el director puede ver el progreso de las escenas en tiempo real y en el escenario recreado en cuestión.

Los sensores no sólo se utilizaron para alcanzar la mayor expresión corporal posible de los actores, sino que también se emplearon pequeñas cámaras que captaron cada gesto o movimiento facial. “Asimismo, esta combinación permitió contar con una mayor flexibilidad en cuestiones de maquillajes o implantes, que se pulieron en la etapa de digitalización, sin perder el realismo de los gestos”.

Luego de todo este proceso, Cameron puede regresar al galpón sin necesidad de contar con los actores, y volver a recrear las escenas gracias a una cámara virtual , desde donde puede recorrer diversas escenas o ajustar algunas coreografías realizadas.

No sólo es un adelanto técnico impensado hace apenas unos años desde el lado de producción y dirección de un filme. También lo es desde el punto de vista del espectador. El manejo de cámara en una escena en donde el Na´vi “administrado” Jake Scully se escapa de una criatura de Pandora entre la vegetación de la selva y se esconde dentro de un enorme árbol y sus raíces es un claro ejemplo de las posibilidades que brinda esta nueva forma de producción “virtual”. Brinda una flexibilidad que permite captar esta y otras escenas que serían casi imposibles para un director, correr detrás de una criatura virtual y capturar un plano cerrado con las expresiones del actor en una persecución.

EL PERSONAJE DE LA CIENTÍFICA

Para efectos de este artículo es importante reseñar brevemente la trama de este filme. Estamos en el año 2154. La historia de Jake Sully, infante de marina paralítico, que se ofrece como voluntario para infiltrarse en el Planeta Pandora nos recuerda a la teoría del buen salvaje (teoría del siglo XVII). El marine se mezcla con la raza Na´vi, gente autóctona del planeta Pandora, ubicado en Alpha Centauri. Esta tribu es provocada por una compañía militarizada del planeta Tierra que busca explotar el planeta para lograr enormes ganancias. Esta compañía ha desarrollado un programa llamado Avatar a través del cual los humanos son manipulados genéticamente para convertirse en los híbridos Na´vi. Parte clave de la misión es la Dra. Grace Augustine a la que también se le asigna un Avatar que le permitirá mezclarse con los Na´vi. Pandora, más que una caja que guarda todos los males se parece al Paraíso del Génesis. Es un hábitat lleno de biodiversidad, con bosques fluorescentes, con árboles tan altos como rascacielos y criaturas inimaginables, incluyendo feroces depredadores prehistóricos.

La tecnología del invasor corrompe las raíces de la pureza. Es el noble salvaje que se ve corrompido por la bárbara civilización que irrumpe con violencia. Fiel a la narrativa del mito del buen salvaje éste se une a las fuerzas alienígenas y se vuelve contra los invasores. Todo dentro de una parábola ecologista new age en la que las criaturas tienen tallas de súper modelos. Una mezcla de Pocahontas  con Danza con lobos como se la comparado de manera estúpida. Estúpida porque la situación narrativa del buen salvaje está presente desde la literatura griega clásica hasta nuestros días. Hay cierta mirada antropológica en la intención de infiltrarse en la comunidad de los Na´vi. Lo dice Selfridge (Giovanni Ribisi) uno de los capataces tecnocráticos en una escena memorable.

Selfridge: Look you’re supposed to be winning the hearts and minds of the natives. Isn’t that the whole point of your little puppet show? If you walk like them, you talk like them they’ll trust you. We build them a school, teach them English. But after – how many years – the relations with the indigenous are only getting worse.

Dr. Grace Augustine: Yeah, well that tends to happen when you use machine guns on them.

Selfridge: Right. Come with me. You see this? This is why we’re here. Because this little gray rock sells for $20 million a kilo. This is what pays for the whole party, and it’s what pays for your science. Those savages are threatening our whole operation..[2]

Quien responde es el personaje de la bióloga, interpretado por Sigourney Weaver, que responde a uno de los postulados de Kuhn. El sociólogo de la ciencia nos plantea la existencia de “la tensión esencial” que es inherente a todo científico, tensión que es mayor en tiempos de crisis.

Dice Kuhn algo que puede ser aplicado al personaje de la doctora Augustine:

Al igual que los artistas, los científicos creadores tienen que ser capaces en ocasiones de vivir en un mundo descoyuntado, exigencia que en otro lugar he descrito como “la tensión esencial” implícita en la investigación científica.

La tensión es notoria en la doctora Augustine puesto que siempre está en confrontación con todo su entorno. Trata a los que se dirigen a ella como si nadie (sólo ella) entendiera la misión en Pandora. La tensión desaparece únicamente cuando ella también maneja su avatar para internarse en la selva de Pandora.

Está claro que Cameron separa a la tecnología de la ciencia. La tecnología, parece decirnos, es una forma de explotar el nuevo mundo, mientras que la ciencia da la posibilidad de una apreciación más pura del ecosistema que se invade. En este sentido es clave el personaje de la científica que es uno de los pocos que logra ver a los nativos como lo que son. Ella actúa siempre orientada por una ética y una sensibilidad tal que muere a manos de los invasores humanos. Ella es el alter ego del director pues a través de ella conocemos la visión algo naif pero panteísta al fin y al cabo de las conexiones espiritual existente entre todos los habitantes de Pandora. El espectador ve con simpatía el personaje de la científica, sobre todo cuando muere en el sitio de mayor riqueza biológica de Pandora. Lo primero que ella hace cuando llega a ese gran árbol de luminosidad es pensar que necesita tomar unas muestras. No hay una línea divisoria en su asombro y su amor por la ciencia.

CAMERON NO ES UN PARADIGMA, ES PARTE DEL PARADIGMA

Las claves visuales del filme están a la vista. El tono predominante es el azul neón. Criaturas de inspiración antediluviana son de un azul chillón. El gran hallazgo del filme es la luminosidad. La luz brilla hasta en la oscuridad. También destacan las ramas de los árboles que son de un verde claro mezclado con púrpura. Para las criaturas Na´vi ha escogido la bioluminiscencia, especialmente por las pecas de luz en las caras.

Weta Digital –el mismo estudio que hizo los escenarios virtuales de El señor de los anillos–  es una de las tantas compañías responsables en esta aventura cinematográfica. Weta creó 1800 efectos visuales, entre ellos el diseño de los personajes. Adicionalmente creó los vehículos y toda la maquinaria de guerra que aparece durante los 162 minutos que dura. Inclusive la iluminación del filme fue trabajada de manera digital. Uno de los tres premios Oscar que ganó Avatar fue el de mejores efectos especiales. En los créditos principales constan tan sólo tres responsables de esa categoría cuando en realidad hay decenas por no decir cientos de involucrados. Los otros dos Oscar también fueron por cuestiones técnicas: mejor cinematografía y mejor dirección de arte.

A continuación algunas de las compañías involucradas, tal y como pueden leerse en los créditos finales: Industrial Light and Magic, USA (que diseñó la batalla final), Stan Winston Studios (que diseñó casi toda la utilería incluidos los helicópteros), Giant Studios, USA (motion capture), Blur, USA (tomas del espacio exterior), Lola VFX, USA (cosmetología digital). Y a continuación algunos de los softwares usados: Pixar Renderman for Maya, Autodesk MotionBuilder (para visualizaciones en 3D en tiempo real), Autodesk Smoke (correction de color), Massive (simulación vegetal), Mudbox (montañas flotantes), Adobe After Effects (composición de personajes)), PF Track (reemplazo de background), Adobe Photoshop (creación de texturas), entre otros.

Como se puede apreciar por el inventario de colaboraciones tecnológicas estamos ante un filme paradigmático que no es lo mismo que un filme que rompe paradigmas. Si para Kuhn un paradigma es una serie de “realizaciones científicas universalmente reconocidas, que durante cierto tiempo, proporcionan modelos y soluciones a una comunidad científica”, entonces el papel de Cameron es distinto. Él es parte de un grupo de cineastas que ha usado el mo cap y la animación 3D. Su gran aporte es haber seguido el paradigma imperante en el modus operandi de sus pares y añadir algo más. Ese valor agregado ya lo hemos explicado.

Hay que señalar que Kuhn replanteó su concepto de paradigma y sugirió reemplazarlo por el de “matriz disciplinar”. Ese nuevo término es ideal porque se refiere a los practicantes de una disciplina particular, en este caso la cinematografía.  Kuhn plantea que hay acuerdos simbólicos y modelos de grupo a la hora de hacer ciencia (¿no se habla de las ciencias cinematográficas? ¿no son los cineastas científicos de lo audiovisual?). Las comunidades científicas manejan creencias que proporcionan soluciones a problemas. En este caso la gran dificultad era cómo lograr un cine de animación que se acercara más al realismo. En conclusión, Avatar no es un logro de Cameron sino de toda una comunidad de realizadores cinematográficos. Sin las películas previas jamás habría existido un salto cualitativo. Hay que tomar en cuenta que todas las compañías y softwares que se nombraron en párrafos anteriores ya participaron en filmes previos al de Cameron y seguirán trabajando en otros proyectos cinematográficos. Estamos ante una matriz disciplinar si seguimos aferrándonos a Kuhn. Se ha logrado un adelanto dentro de una comunidad. Romper un paradigma es derribarlo para crear otro, nos dice el sociólogo de la ciencia. Cameron no ha roto nada. Se ha inscrito en el zeit geist, en el espíritu de la época, en las corrientes tecnológicas imperantes. Lo ha hecho con la pericia de un gran artesano que ha continuado lo que otros colegas han realizado. Ha seguido un camino abierto por sus pares. De esta forma y no de otra será recordado.


[1] Dr. Grace Augustine: Lo que creemos saber es que hay un tipo de comunicación electroquímica entre las raíces de los árboles. Como las sinapsis entre neuronas. Cada árbol tiene diez a la cuarta potencia de conexiones con los árboles alrededor, y hay diez a la décimo segunda potencia de árboles en Pandora.

Selfridge: Eso es un montón, me imagino.

Dr. Grace Augustine: Eso es más conexiones de lsa ue existen en un cerebro humano. Entiendes? Es una red, una red global. Y los Na’vi tienen acceso a ella. Pueden subir y bajar información, recuerdos y sitios que uno acaba de destruir.

Selfridge: [después de una pausa] Por qué diablos están fumando acá afuera?

 [empezando a reír]

Selfridge: Son solo unos malditos árboles.

Dr. Grace Augustine: Necesitas despertar, Parker. La salud de este mundo no yace en la tierra, está alrededor. A todo nuestro alrededor. Los Na’vi saben eso y están peleando por defenderlo. Si quieres compartir este mundo con ellos, necesitas entenderlos.

[2] Selfridge: Mira, se suponen que tú deberías estar ganando los corazones y las mentes de los natives. No es ese el único punto de tu pequeño show de títeres? Si caminas como ellos, si hablas como ellos, van a confiar en ti. Les construiremos una casa, les enseñaremos ingles. Pero después de cuántos años las relaciones con los indígenas van a empeorar.

Dr. Grace Augustine: Sí, eso tiende a pasar cuando usas armas de fuego contra ellos.

Selfridge: Correcto. Ven conmigo.  Sï ves esto? Esta es la razón por la que estás aquí. Porque este pequeña roca gris se vende a 2o millones de dólares por kilo. Esto es lo que paga toda nuestra fiesta y es lo que va a financiar tu ciencia. Los salvajes están amenazando con hacer fracasar toda nuestra operación.

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