«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

El director méxico norteamericano Robert Rodríguez (1968) es uno de los adalides del cine independiente y el creador de una categoría que la crítica especializada ha llamado el western spaghetti mexicano. El mariachi (1992), su primera película, costó apenas siete mil dólares y prácticamente todos los cargos los asumió él. Esta costumbre totalizadora se puede apreciar en algunos de sus filmes posteriores en los que aparece acreditado como músico, operador de cámara y editor. Su ópera prima la filmó en apenas una semana, usando una handycam y como actores a miembros de su familia y amigos. Transfirió la cinta a 35 milímetros, la mandó a varias compañías productoras norteamericanas y su persistencia mereció una de las óperas primas más exitosas del cine alternativo.

Tres años después realiza la secuela a la que tituló Desperado. En esta ocasión se valió del ascendente carisma de Antonio Banderas (Málaga, 1960) y de una cada vez más posicionada Salma Hayek (México, 1966). Un año después estrena Del crepúsculo al amanecer un filme que continúa esa acción de cómic que tanto le fascina a Rodríguez. Esta vez lo hace con el aditamento de vampiros, más la colaboración en el guión de su mentor Quentin Tarantino. Es también la primera película estela de George Clooney. En el año 2003 se estrena Érase una vez en México que constituye el cierre de su trilogía de El mariachi. En esta ocasión exacerba los niveles de violencia, mutilaciones y matanzas, con la presencia de Johnny Depp en el rol estelar.

En su afán de explorar más elementos sensacionalistas, Rodríguez filma The faculty (1998) en la que da vida a seres extraterrestres en un colegio. Usando el género de las teenage movies logra replantear este tipo de filmes usando elementos del subgénero alienígena. Este aire de películas CLASE B hace ronda prácticamente en todos sus guiones.

La carrera de Rodríguez toma un giro excéntrico con la trilogía de Spy Kids. Usando el formato de las películas infantiles mezcla aventuras con ciencia ficción e historias de espionaje. Este giro gusta tanto a nivel comercial que se lanza a filmar Las aventuras del niño tiburón y la chica lava (2005) y se encuentra en proceso de filmación la cuarta entrega de Spy kids.

Los zombies no podían quedarse fuera del menú sangriento de Rodríguez y filma Grindhouse: Planet terror (2007) en la que realiza un sentido homenaje a todo el cine de horror de Roger Corman y George Romero, este último el creador de La noche de los muertos vivientes.

Machete (2010) es el primer filme en la historia del cine en utilizar a un actor mexicano de pocos atributos estéticos. El actor fetiche de Rodríguez, Danny Trejo, ya usado en algunos de sus filmes anteriores como el típico villano mexicano, se trepa al rol estelar de Machete. Al igual que Trejo, Machete ha cumplido una larga pena en prisión. Es una máquina de matar y de amar.

Hay algunos elementos en este filme que se burlan del cine de acción de los años setenta. El personaje femenino heroico que ya se da en algunas de sus películas anteriores (ver Grindhouse) aparece por partida doble con Jessica Alba y Michelle Rodríguez. Sería cansino enumerar el millardo de guiños y referencias que Machete contiene aludiendo a filmes de baja categoría. Hay que reconocerle que lo hace con oficio, ironía y sobre todo con amenidad, ya que estamos ante un filme que no decae en su acción.

El único aporte trascendental de Machete está en la forma satírica con la que se retrata la política de migración de los Estados Unidos. Resulta antológico el personaje de Robert de Niro. El senador McLaughlin es un político depredador en el sentido literal del término. Para conseguir dinero para su campaña de reelección mata personalmente a migrantes en la frontera de Estados Unidos y México. Otro hallazgo actoral de Rodríguez está en el casting de Steven Seagal, héroe de acción que ha envejecido y ha engordado de manera ideal para el rol de Torrez, el capo del narcotráfico, que logra un “convincente” acento mexicano a la hora de decir “puñeta”.

Se extraña el cine de siete mil dólares de Robert Rodríguez quien alguna vez dijo que jamás haría películas con efectos especiales. El cine dependiente del sistema de Hollywoodlandia lo ha absorbido de tal forma que ha perdido esa inocencia de El mariachi. En la lista de elementos del cine clase B, Rodríguez ha agotado casi todos. Después de alienígenas, zombies, mutilaciones y persecuciones, ¿qué más le queda por hacer?

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