«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

EL GUIONISTA EN EL INFIERNO

Barton Fink (1991) es la primera película en la historia del cine en ganar la Palm d´or del Festival de Cannes en las categorías de mejor filme, mejor director y mejor actor (John Turturro). Se trata de uno de los títulos paradigmáticos de la carrera de los hermanos Ethan y Joel Coen.

El personaje del título está basado en Clifford Odets, prolífico dramaturgo de gran éxito en los años treinta que fundó junto con Harold Clurman, Lee Strasberg y Cheryl Crawford la famosa escuela del método.

El tema del filme es Hollywoodlandia y sus intrincados laberintos. La premisa dramática resulta creativa por la forma en que es desarrollada: un dramaturgo es contratado en 1941 para escribir una película sobre lucha libre. La instrucción es muy precisa: debe redactar el guión pensando en Wallace Beery, importante actor de la época.

El detonante está planteado por el personaje de Jack Lipnick (Michael Lerner), el tiburonesco ejecutivo que lo contrata: «Sólo estamos interesados en una cosa, Bart. ¿Puedes contar una historia? ¿Puedes hacernos reír? ¿Puedes hacernos llorar? ¿Puedes hacernos emocionar con una canción alegre? ¿Puedes hacer más de una cosa? Okay!». A partir de este catalizador nos adentramos en el mundo de las historias y se plantean de manera subliminal preguntas como: ¿Qué es un contador de historias? ¿Qué es una historia? ¿Cuáles son los mecanismos para crear una? El filme va respondiendo cada interrogante de manera irónica.

El ejecutivo le explica al guionista primerizo por qué ha sido escogido: «Tú conoces la poesía de las calles».

El primer nudo de la trama se concentra en una conversación crucial entre Ben Geisler, uno de los productores, y el aspirante a guionista. Barton Fink le hace una revelación que cambiará el rumbo de la historia: «No puedo escribir el guión». El consejo que recibe es usual en el mundo de los artistas: «Hable con otro guionista». ¿Con quién decide hablar Barton, ese tímido escritor neoyorkino de obras de teatro que intenta triunfar en Hollywoodlandia? Pues con William P. Mahey, personaje que se erige como un homenaje a los novelistas que fueron contratados para trabajar en Hollywoodlandia. El nombre nos acerca a William Faulkner cuyo primer contrato le exigía escribir una película de cachascán para Wallace Beery, pero también puede ser un guiño a Francis Scott Fitzgerald. Este último es más probable, tomando en cuenta el cuadro del alcoholismo severo del consumado guionista.

¿Puede el escritor triunfar en el cine? Esta es una pregunta que formula el filme y que muchos historiadores del séptimo arte y de la literatura se han planteado durante todo el siglo XX. En el nuevo siglo, no tanto. Está claro que a estas alturas cualquiera puede oficiarlas de guionista y que el hecho de ser novelista no le aumenta ni le quita méritos. Un escritor de guiones es un artesano, un esclavo, un peón. El personaje de Geisler lo tiene muy claro: «Los guionistas vienen y van pero lo que siempre necesitaremos son los indios (para los westerns)».

Está claro que el Hotel Earl en el cual se registra el escritor es una metáfora del infierno. De hecho, el botones emerge de una puerta que está situada en el suelo y en el clímax del filme se incendiará apocalípticamente. Dentro de ese Averno el protagonista conoce a otro huésped, Charlie Medows (el inmenso John Goodman) quien se convierte en su confidente y en su apoyo, aunque rara vez  Barton logra concentrarse ya que su vecino irrumpe continuamente en su habitación. Al final Medows le dice al protagonista: «¿Piensas que hice tu vida un infierno? Échale un vistazo a este basurero. Tú eres sólo un turista con una máquina de escribir».

Barton Fink no es un filme sobre el bloqueo del escritor o la lucha contra la página en blanco. Tampoco es una apología del artista incomprendido por más que Barton grite: «Monstruos, soy un escritor. Yo soy un creador. Yo me gano la vida creando. Soy un creador. Un creador! (apuntando con su dedo a su cabeza). Este es mi uniforme». Es más bien una mirada nostálgica a la época de oro de Hollywoodlandia. Es un volver la vista atrás al star system de los viejos estudios. Época dorada en la que se contaba una historia de manera más auténtica, más genuina.

 

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