«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

PROVOCADOR POR NATURALEZA

Oliver Stone es un hijo de la ira y un provocador por naturaleza. Ni su exquisita educación, ni los plácidos veraneos en Francia, ni todo el dinero de papá (un ambicioso hombre de negocios de la bolsa de valores que acabó arruinándose y a quien dedicó la película Wall Street) pudieron evitar que se convirtiera en la oveja negra de la familia y en uno de los mayores azotes de la conciencia colectiva norteamericana.

Este terrorista cinematográfico —provocativo, iconoclasta, escandaloso, sensacionalista como él solo—se ha encargado de introducir el dedo en las llagas de la historia de Norteamérica. Su apellido significa piedra y eso es lo que él es: una piedra arrojada con fuerza contra el sistema, contra los valores y creencias tradicionales. Siempre toca los temas más espinosos de la memoria colectiva: el mundo corrupto

Cover of "Natural Born Killers (Unrated D...

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de la bolsa de valores (Wall Street), el complot del asesinato de Kennedy (JFK), y la guerra de Vietnam (ver la trilogía conformada por Platoon, Born on the fourth of July, Heaven and earth).

Asesinos por naturaleza  (Natural Born Killers, 1993), filmada antes de Nixon (1995), es la historia de Mickey y Mallory, dos jóvenes que pasan su luna de miel viajando, cometiendo atracos y asesinatos de la manera más campante y divertida. Estamos ante dos perversos polimorfos que actúan bajo algún endemoniado principio de placer.

Escribir sobre este filme—basado en una historia de Quentin Tarantino— sanguinariamente perverso, apenas se ha terminado de espectar, es algo imposible. Uno sale del cine más turbado que nunca, como si se hubiese inhalado o fumado una mixtura de imágenes violentas, sicodélicas y de dibujos animados, las cuales parecerían seguir flotando fuera de la sala del cine al concluir los 122 minutos del Stone más pesadillesco que se pueda imaginar.

La velocidad de la narración es de una celeridad espeluznante. Esto no es una hipérbole. Quien desee ver Asesinos por naturaleza tiene que asumir que la butaca donde está sentado tiene cinturón de seguridad y que uno forma parte de un vuelo cinematográfico por lo demás único.

Stone ha declarado que este filme tiene 3.000 imágenes, una filmación de 53 días y una edición que llevó cerca de un año. Quizá su equipo de postproducción contabilizó erróneamente, pues parecería tener más imágenes de las que parece.

Algo que resulta altamente ilustrativo sobre las intenciones de este filme es la inserción del show I love Mallory, una terrible parodia de la comedia de Lucille Ball, con Rodney Dangerfield en el papel de un grotesco e incestuoso padre.

Stone no usa la parodia del género cómico televisivo para explicar el homicida comportamiento posterior de Mallory. La comedia misma, con su risa pregrabada que aparece en los momentos más grotescos, es parte de la idiotez cultural a  la que se está aludiendo.

Si los jóvenes asesinos de este filme parecen ser mentalmente incapacitados, o sea tele-idiotas, significa que los consumidores de la cultura de la mini-pantalla también lo son.

De hecho, aparece en la cinta un programa televisivo titulado Maniáticos norteamericanos, que raya en el más estúpido e hiperbólico de los sensacionalismos y que tiene entre sus seguidores a un gran audiencia de jóvenes gringos. Recordemos la afirmación de un fan adolescente dentro de las encuestas que hace el programa: “No digo que apruebe el asesinato en masa. Pero si yo fuera un asesino, me gustaría ser como Mickey y Mallory”. Me contradigo, luego existo, parece ser el eslógan de la juventud embobada por la caja boba (no me perdonen la redundancia).

Un personaje trascendental es Wayne Gayle, el anfitrión del programa, personaje basado en el pionero de la televisión sensacionalista, Steve Dunleavy, que Robert Downey Jr. (el actor que lo encarna) estudió para realizar una interpretación convincente por su cinismo, su narcisismo, y por el patetismo de su muerte. Al final de la persecución, Mickey y Mallory deciden aplicar en Wayne Gayle el toque de su estilo homicida: “siempre dejamos viva a una persona, para que haya alguien que cuente la historia”. El personaje de Downey pregunta que por qué entonces lo van a matar y recibe una respuesta contundente: “Esta cámara portátil que filmará tu ejecución será lo único que quede vivo” .

La metáfora es clave para entender la película. Se deja viva a la cámara, y se mata al periodista. No se mata a un individuo sino a lo que él representa: una institución que, en este filme, está venida a menos. Se mata simbólicamente a los mass media, que constituyen la industria de lo ilusorio, la maquinaria de la mentira, según lo que Stone nos quiere dar a entender.

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