«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

Cover of "Citizen Kane (Two-Disc Special ...

«It isn’t enough to tell us what a man did. You’ve got to tell us who he was». Esta es la orden que Rawlson, jefe de redacción de una revista de actualidad, le da a su  reportero Thompson. La misión que este último recibe es de harta complejidad: debe buscar el significado de Rosebud, la última palabra pronunciada por Charles Foster Kane, personaje basado en William Randolph Hearst, el magnate periodístico que  tuvo gran influencia en la opinión pública norteamericana. Hearst era un bi­llonario dueño de catorce periódicos en Norteamérica, pionero del amarillismo, inventor de noticias, que logró subyugar a las masas de entre siglos. Marion Davies, su amante, célebre actriz de cine mudo, aparece retratada como la cantante de ópera de pacotilla, Susan Alexander (Dorothy Comingore).

La investigación semántica (descifrar el significado de una palabra) es el pretexto para que se vaya hilvanando a manera de biografía la vida del multimillonario Kane. El periodista entrevista a los que más cerca estuvieron del personaje que da nombre a la película: su segunda esposa, su amigo más cercano y su secretario. Esta multiplicidad de perspectivas narrativas es lo que la crítica especializada ha denominado kaneidoscopio.

El filme de Welles tiene una lección de ética periodística en su trama. Al tomar las riendas del periódico lo primero que hace Kane es publicar en primera plana una declaración de principios:  «I will provide the people of this city with a daily paper that will tell all the news honestly. I will also provide them with a fighting and tireless champion of their rights as citizens and as human beings.» Cuando Kane termina de escribir a mano la declaración, Leland se la pide con estas palabras:  «I’d like to keep that particular piece of paper myself. I have a hunch it might turn out to be something pretty important. A document…. like the Declaration of Independence and the Constitution and my first report card at school».

Aquello que está en el acta de principios sobre comunicar las noticias de  manera honesta no se cumple, pues Kane hace de su periódico una maquinaria para publicar realidades distorsionadas. Tenemos el caso de la Guerra Hispanoamericana que se dio entre España y EE.UU. a fines del siglo XIX.

Kane: Read the cable.
Bernstein: “Girls delightful in Cuba. Stop. Could send you prose poems about scenery, but don’t feel right spending your money. Stop. There is no war in Cuba, signed Wheeler.” Any answer?
Kane: Yes. “Dear Wheeler: you provide the prose poems. I’ll provide the war.”

En la conocida secuencia episódica de los desayunos entre Charles y Emily ya se prefigura la forma en que manipulará las noticias:

Emily: Really Charles, people will think-…
Charles Foster Kane: – -what I tell them to think.

En esa misma secuencia la esposa le reclama por la forma en que el Enquirer ataca a su tío, el presidente:

Emily: He happens to be the president, Charles, not you.

La respuesta demuestra lo apabullante que puede ser el poder mediático:

Kane: That’s a mistake that will be corrected one of these days.

Al final, Kane cumple a regañadientes con la declaración de principios después del debut de su esposa como cantante de ópera. Encuentra borracho a su amigo Leland (Joseph Cotten) en la redacción del periódico, dormido sobre la máquina de escribir. Le pide a Bernstein que le lea la crítica musical incompleta que está en la máquina. El asistente bizco empieza a leer en voz alta, intentado saltarse los despiadados reparos hacia Susan Alexander pero Kane le ordena que no omita nada. Cuando Leland despierta se percata de que el director del periódico ha terminado de escribir la reseña respetando el tono devastador del crítico musical que emerge de su borrachera. Este es el breve diálogo que sostienen los examigos.

Kane: Hello Jedediah.
Leland: Hello, Charlie. I didn’t know we were speaking…
Kane: Sure, we’re speaking, Jedediah: you’re fired.

Minutos después Leland deja sobre la mesa la declaración de principios escrita con puño y letra de Kane. La tenía guardada tantos años y ahora le sirve para recordarle a su jefe que no está cumpliendo a cabalidad con ese documento.

La forma en que Kane dirige su periódico es inusual. Un periodista (en este caso Leland) escribe algo que atenta contra los intereses del empresario (la carrera de su esposa Susan) y procede a despedirlo. El personaje de Kane tiene una extraña forma de concebir la verdad. Respeta línea por línea la crítica escrita por su examigo alcohólico, y continúa escribiéndola hasta ponerle el punto final. Kane no inventa nada en la nota que termina de redactar. Sabe que su esposa es un fiasco musicalmente hablando. Es su simple obstinación de querer hacer algo grandioso y dejar una huella en la colectividad. Despide a Jedediah Leland por irrespetar un hecho tangible: la falta de calidad artística del espectáculo reseñado.  Kane esperaba que su crítico cumpliera a rajatable un contrato no escrito entre director y periodista: se debe hablar bien de la esposa del dueño del periódico. Leland no cumplió con ese pacto tácito.

Veamos un diálogo que Leland, ya viejo, mantiene con Thompson en un sanatorio.

Thompson: Everybody knows that story, Mr. Leland. But why did he do it? How could a man write a notice like that?
Leland: You just don’t know Charlie. He thought that by finishing that notice he could show me he was an honest man. He was always trying to prove something. The whole thing about Susie being an opera singer, that was trying to prove something. You know what the headline was the day before the election, “Candidate Kane found in love nest with quote, singer, unquote.” He was gonna take the quotes off the singer.

Es terrible el recuerdo del examigo porque denuncia la intención de quitar las comillas a la palabra cantante. El quitarle esos signos a ese vocablo  denota distorsión por parte del dueño del periódico. Susan Alexander es pésima vocalizando. Su voz de Minnie Mouse la hace merecedora de cualquier sarcasmo.

En tal caso, la percepción de Leland es importante. Su exjefe quería demostrar que era honesto, pero lo hace aplastando al otro, rompiendo las normas. Terminar de redactar la crítica musical no es algo digno de aplauso, más aún si va a salir firmada por Jedediah Leland. Es una forma cruel de darle la razón al otro y luego despedirlo sin ninguna argumentación. La lección de ética la da el periodista expulsado cuando recibe el jugoso cheque de indemnización. Leland rompe el documento monetario en pequeños pedazos que Kane, un hombre acostumbrado a comprar a la gente, mira no sin cierto estupor. El periodista no tiene precio, no quiere ser comprado, prefiere vivir en la miseria antes de sentirse propiedad del magnate. Además, ha demostrado que puede criticar sin tapujos sobre la esposa de su superior.

Ciudadano Kane es una de las películas pioneras en esto de reflexionar sobre el periodismo. Vale recordar la escena en la que el joven protagonista tiene que escoger, de todas las empresas que ha heredado, cuál es la que le gustaría administrar. «I think it will be fun to run a newspaper», le dice a su albacea. Al final no fue nada divertido manejar un periódico. Fue la perdición de este hombre ególatra que murió en la más absoluta de las soledades.

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