«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

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El alumno es el centro del universo pedagógico. El profesor es un coadyuvante, un facilitador, un coordinador, un mero coprotagonista.
Si entendemos por filosofía el conjunto de principios o preceptos que rigen un acto vital, debo enumerar los siguientes derroteros de mi enseñanza:
1) El profesor moldea el ethos del alumnado. Entiéndase ethos en el sentido de conducta adecuada.
2) El maestro busca la areté. Este concepto también griego nos habla de la excelencia.
3) El profesor cuida del pathos del estudiante, es decir, trata de encaminarlo de la mejor manera, intentando darle un mejor destino.
4) El maestro debe lograr que el alumno logre la anagnórisis, es decir, la gran revelación que le permita conocer algo fuera de la ordinario.
Estos principios son coadyuvados por la tolerancia, el buen humor, la paciencia, el respeto, actitudes que el alumno merece recibir en todo momento.

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