«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

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Tiene cara de venado y su hablar es tan caótico como el mundo de sus películas. Escucharlo es como oír a sus personajes: atropella las palabras, divaga, se enreda en el ovillo de su propio lenguaje. Además, su discurso está siempre acompañado de gesticulaciones intensas y lunáticas. Se llama Quentin Tarantino, ex dependiente de un club de video, autor del argumento de Asesinos por naturaleza  dirigida por Oliver Stone.

Nació en Knoxville-Texas. Tiene 33 años y la primera palabra con que se puede describir su cine es violencia. A este joven formado en la escuela de directores del Instituto Sundance, de Robert Redford, le interesan los personajes marginales, los malandrines de poca monta, malhablados (la palabra fuck se escucha 272 veces), los largos y a veces poco coherentes diálogos, el discurso disparatado, una violencia descarnada que frisa lo perverso. A Tarantino tampoco le interesan los convencionalismos del cine actual. Por eso es enemigo de la linealidad, del orden secuencial, de la trama sencilla y tradicional. Gusta de entrelazar historias y confundir aparentemente los hechos.

La primera obra de este joven cineasta es Perros de reservorio (1991), la historia de un grupo de maleantes encorbatados que fracasan en el robo a una joyería y son eliminados uno por uno. Cada elegante pillo de leva y corbata negras es contratado con un seudónimo cromático: Mr. Blue, Mr. Pink, Mr. White, Mr. Orange… colores con los que Tarantino pretende pintar el margen putrefacto de una sociedad decadente.

La gran metáfora de esta ópera prima de Tarantino es aparentemente burda y radica en los perros. Hay escenas en que los maleantes ladran, aúllan o hacen referencia a ciertas actitudes caninas como la lealtad o la violencia. Pueden ser brutales como los Perros de paja (1971) de Sam Peckinpah, irracionalmente homicidas como los protagonistas de La jauría humana (1965), o “mueren como perros” como sucede con uno de los ladrones del frustrado atraco bancario en Tarde de perros (1975) de Lumet.

La segunda obra de Tarantino se fue gestando desde 1986. Tenía apenas 23 años y trabajaba rentando videos. Escribió un guión con la idea de hacer un cortometraje. Ese texto, sin embargo, se transformó hasta convertirse en tres historias inspiradas en la publicación Black Mask (la popular revista de crímenes), donde escribieron míticos maestros de la novela negra como Raymond Chandler y Dashiell Hammet. Junto a su amigo Roger Avary escribió la tríada de historias, y lo que inicialmente era un proyecto de tres cortos se convirtió en una amalgama de lo que aparece en Tiempos violentos (Pulp fiction, 1994) que fue estrenada en España y Latinoamérica en 1995 y en Estados Unidos en noviembre de 1994.

El filme expone y yuxtapone tres narraciones en las que se presenta a Vincent y Jules (John Travolta y Samuel Jackson), un par de asesinos profesionales algo torpes; a Butch (Bruce Willis), un boxeador tramposo que huye después de ganar una pelea que debía perder; a Marsellus Wallace (Ving Rhames), el jefe de un grupo de mafiosos que contrata a los dos sicarios; su esposa Mia (Uma Thurman), una junkie; y una pareja de jóvenes delincuentes (Amanda Plummer y Tim Roth) que filosofan sobre una decisión crucial para ellos: quieren darle un giro a sus carreras delincuenciales, y para ello van a empezar a robar restaurantes en vez de licorerías.

Como se puede apreciar por esta galería de personajes y la trama en sí, Tarantino es un hijo de la novela negra. “Me gusta la idea de jugar con las reglas que se aplican en la literatura y después usarlas en el cine, porque creo que la traslación puede ser sumamente cinemática”. A la manera de novelistas norteamericanos como Larry McMurty (La fuerza del cariño) o J.D. Salinger (El cazador oculto, Tarantino incluye personajes que aparecen y reaparecen en una historia u otra.

Pulp fiction le permite jugar con ellos y moverlos a su antojo. El personaje principal de una narración puede ser uno secundario en la siguiente. Tarantino -que sólo después de hacer este filme se hizo millonario- explica que “ésta fue la oportunidad de realizar tres filmes por el precio de uno”.

Uno de los rasgos más característicos de la corta pero feliz filmografía tarantiniana es la intertextualidad. Quentin es una especie de máquinas de citas cinematográficas. “Los artistas no hacemos homenajes, robamos. Y yo suelo tomar de las películas algunas escenas que me gustan para reelaborarlas”.

Igual que Shakespeare (que según Cabrera Infante haría cine si estuviese vivo), Tarantino toma argumentos harto manoseados y los transforma con su toque personalísimo. El cineasta español Pedro Almodóvar cuenta asombrado: “Quentin me dijo que había visto todo tipo de cine. Que no sólo se había dedicado al bueno, sino que también había visto las peores películas que había podido encontrar, especialmente de acción. Yo no le creí, pero empezó a relatarme algunas historias crudas y repugnantes que había visto, y cómo las citaba casi textualmente en sus películas”.

Ante un cine tan inusual y anticonvencional como el de Tarantino, era obvio encontrar cierta resistencia de parte de algunos sectores. El conservadorismo fue el enemigo más fuerte y el que impidió que se premie con más de un Oscar a Pulp fiction. ¿Cómo se iba a otorgar una estatuilla dorada, en la categoría de mejor película, a un producto antihollywood construido sobre los cimientos de la vanguardia, el arte pop y la cultura de los mass media? ¿Cómo apadrinar un filme violento, en el que el espectador se da cuenta que la vida no es una caja de chocolates? La verdad es que la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas no gusta de poner bajo su amparo a cintas que son como una caja de Pandora, donde todos los males de la sociedad están resumidos con crueldad, humorismo e ironía.  Se creía erróneamente, que al premiar a El silencio de los inocentes y Los Imperdonables, esta institución estaba empezando a liberarse de las cadenas conservadoras, pero más pudo la magia meliflua de Forrest Gump que los sangrientos vericuetos narrativos de Tiempos violentos.

Si bien es cierto que la Academia le dio la espalda a Tarantino en 1995, no sucedió así con los organizadores del Festival de Cannes de 1994. Pulp fiction ganó la Palma de Oro en un evento donde compiten películas de todo el mundo. Entre decenas de títulos competidores ganó esta cinta que testimonia un tipo de cine más del lado de la literatura que de cualquier otro arte. A Tarantino realmente ni le va ni le viene el reconocimiento. Como dijo al recibir la Palma de Oro: Me asombra esto porque yo no hago filmes para que la gente se ponga de acuerdo”.

Que con los siguientes filmes que hizo, Tarantino no lograra superarse, es costal de otra harina. La manía de repetirse hizo que la crítica especializada dejara de tomarlo en serio. Kill Bill (volúmenes 1 y 2), Bastardos sin gloria, Jackie Brown y Django unchained son pastiches con momentos memorables que jamás rozarán la excelencia de Pulp Fiction. Cada vez más interesado en intertextualizar géneros menores (las artes marciales) y mayores (el western), Tarantino se ha convertido en una curiosidad de circo a la que todos quieren ver para constatar qué nuevo truco o gracia está realizando. Comentar cada nueva película que hace es asistir a un funeral en el que se llora a Pulp Fiction, estrenada en Latinoamérica en 1995. Las comparaciones nunca serán ociosas. ¿20 años son nada? En este caso las dos décadas transcurridas testimonian que aquel cineasta que alardeaba de originalidad y valentía, terminó dejándose absorber por el sistema.

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