«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

Archivo para diciembre, 2015

STAR WORST 7 O LA FUERZA ENTRA EN COMA

star wars

En una de las escenas menos recordadas de Y dónde está el piloto, la secuela (1982) se puede apreciar en una pared a un anciano boxeador mostrando su torso desnudo con los guantes que le quedan pesados como yunques. En la parte superior del afiche se lee Rocky XXXVIII. La broma es perfecta para Star Wars: El despertar de la fuerza (2015). En el filme se puede apreciar el contrapunto entre el geriátrico representado por Harrison Ford, Carrie Fisher y Mark Hamill, y un reparto tipo Glee, concentrado en la nueva camada multiétnica de actores jóvenes (la británica Daisy Ridley, el afroinglés John Boyega y el guatemalteco Oscar Isaac).

El director contratado para la franquicia global es J. J. Abrams que tiene un modesto currículum tanto en la televisión (el piloto de Lost, cinco episodios de Alias y dos de Felicity)  como en el cine (es el resurrector de Star Trek, el realizador de Misión Imposible 3Super 8). Como vemos, Abrams es un tipo acostumbrado a manejar franquicias exitosas y a no aportar elementos novedosos. En el caso de Super 8 se trata de un proyecto en el que siguió las instrucciones de Spielberg quien no quiso dirigir el filme.

Entre la pléyade de inverosimilitudes que se aprecian en Star Wars 7 está el hecho de que los personajes de Finn y Rey puedan manejar el sable láser de Luke apenas lo toman. Esto sucede también con Abrams. Cree que por el hecho de que le dan la franquicia ya puede manejarla. Lo hace sin imaginación, como si fuera un juego de vídeo. Mientras a Luke le tomó dos episodios aprobar un entrenamiento con Yoda, a los jóvenes personajes se les hace tan fácil dominar el arte del sable láser. Adicionalmente, Rey tiene poderes telepáticos que se supone deberá desarrollar en la octava parte bajo la tutela de Skywalker.

Con la muerte de uno de los personajes principales a manos de su hijo (es que apabulla tanta originalidad), asistimos a la muerte del cine. Esta empezó a fines del siglo pasado cuando Susan Sontag hablaba de la ausencia de películas dignas de ser admiradas. El artículo se llama La decadencia del cine (aparecido en el New York Times el 25 de febrero de 1996). Léase la siguiente cita pensando en la séptima entrega de la marca Lucas:

Y las películas ordinarias, hechas puramente con fines de entretenimiento (es decir, comerciales) son increíblemente tontas; la gran mayoría fracasa estruendosamente en seducir a la audiencia a la que están cínicamente dirigidas. Como la finalidad de una película es ahora, más que nunca, convertirse en un logro único, el cine comercial ha establecido una política de realización cinematográfica carente de originalidad; un descarado arte combinatorio o recombinatorio, con la esperanza de reproducir éxitos del pasado.

Ese pasado exitoso que se intenta reproducir se llama Star Wars (1977) rebautizada en el siglo XX como Una nueva esperanza. Si vemos el resultado ya no hay esperanza para el cine contemporáneo. Que el subtítulo El despertar de la fuerza no llame al equívoco. Lo único que ha despertado es la comercialización de una marca que es ahora manejada por Disney.

Si algo nos enseñó la primera trilogía es la técnica de sugerir y no enseñar. Develar el rostro de Darth Vader se demoró tres episodios (seis años). Ahora basta con que Rey le pida al villano que se quite la máscara para que éste obedientemente lo haga. El misterio no existe.  El rostro que se reconoce debajo del casco es el de Adam Driver, un actor de modestos papeles en comedias cinematográficas (This is where I leave you) y series televisivas (Law and order).

Todo es soso en esta cosa audiovisual que está rompiendo todos los récords de taquilla existentes. Lo que ha muerto es el cine tal y como lo conocíamos. Era un medio heredero de la literatura y el teatro para contar historias. Ahora es sólo una sucursal de los juegos de vídeo, la televisión, la Internet y la publicidad.

Cuando el sable láser atraviesa a uno de los protagonistas, muere definitivamente una forma de contar historias. Hay que revisar las fuentes de Georges Lucas para su trilogía original: Tolkien, el budismo zen, los filmes de Akira Kurosawa (la máscara de Vader es definitivamente la de un samurái)… Las nuevas películas  tienen que remitirse al universo de Lucas,tienen que alargarse como la plastilina, y  parecen tener como única fuente puede el universo de Marvel.

Desafortunadamente hay Star Worst para rato. La franquicia de Los Vengadores estremeció a George Lucas que vio que perdía terreno. ¿Se dieron cuenta que el tratamiento de los personajes es muy al estilo de The Avengers? Hasta los efectos especiales. ¿No es Rey una nueva Viuda Negra? Y se podría buscar un equivalente en cada personaje de esa otra mercadotecnia cultural de Marvel.

El señor de los anillos también le enseñó a la marca Star Wars que los monstruos amigables son rentables. Tan sólo hay que admirar al señor Andy Serkis (el que hizo de Gollum) interpretar al Supremo Líder Snoke, a Lupita Nyong´o que hace de la adorable Maz Kanata y a Simon Pegg que tiene el rol de Untar Plutt… todas parecen criaturas de mocap (motion capture) raptadas del universo que creara Peter Jackson en The lord of the rings y en El hobbit.

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Y se viene una película al año. Es como una muerte a plazos con cronograma corporativo incluido. Se trata de una intrusión que impide que las carteleras de cine se refresquen con nuevos títulos. Este 2016 vendrá Star Wars: A rogue story con la británica Felicity Jones a la cabeza, por aquello de que la franquicia Marvel le enseñó a Lucas que las heroínas son necesarias. El reparto es intercultural como lo mandan los actuales tiempos: Diego Luna, Madds Mikelssen (el Hannibal televisivo), Forest Whitaker, entre otros. El director será Gareth Edwards (el mismo de la última Godzilla). La música no estará a cargo por primera vez de John Williams. Por cierto, ¿alguien tiene en mente algún pasaje musical memorable en Star Wars 7?

En el 2017 se aproxima la nave de Star Wars 8 con Rian Johnson como director (con la actriz de origen zulú Gugu Mbatha-Raw y el boricua Benicio del Toro). Parece que el haber dirigido Looper y algunos episodios de Breaking Bad lo avalan como el que debe coger la estafeta de la trillonaria marca.

En el 2018 ya se anuncia un filme sobre la juventud de Han Solo que tiene de cabeza a los directores de casting en algunas ciudades de Estados Unidos (aunque quizá terminen consiguiendo al actor en Inglaterra como ha sucedido casi siempre en estos procesos de selección actorales).

En el cronograma de Disney se ve en el 2019  el nombre de Colin Treverow (el director de Jurassic World) quien ya está contratado para Star Wars 9 y para el 2020 parece que Boba Fett tendrá por fin su spin off. Dios nos libre. Las nuevas generaciones disfrutarán de la franquicia de plastilina durante el siguiente lustro.  Y tendrán una idea bastante bifurcada y expandida del universo de George Lucas. ¿No era suficiente con las seis temporadas de The Clone Wars?

Ya no hay nada para el asombro, como dijo Susan Sontag hace veinte años. Es la nueva cinefilia, como pregonan algunos autores como Nico Baumbach (All that heaven allows: What is or was Cinephilia?)  o Gustavo García (La guerra de las butacas). Los que seguirán disfrutando de todo esto son los youtubers, los descargadores de filmes, los facebookeros, los consumidores de las teorías sobre la verdadera identidad de Jar Jar Binks… Son cenáculos que creen estar consumiendo gran cine sin darse cuenta que la Fuerza ha entrado en coma y que nunca más va a despertar. Ojalá vivamos todos para ver Star Wars XXXVIII siguiendo el gag visual con el que iniciamos este artículo. Que la Fuerza (la de antes) esté contigo.

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Ronaldo versus Messi: dos filmes, dos visiones del fútbol

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¿Cuál es la gran diferencia entre los documentales Ronaldo (2015) y Messi (2014)? El primero parece un publirreportaje en el que el ego del futbolista portugués desborda cada fotograma. En el segundo, el jugador argentino está ausente físicamente pero omnipresente en otros aspectos.

Ahora la batalla entre los dos jugadores contemporáneos más importantes de los últimos diez años parece haberse trasladado a la pantalla. Veamos quién salió victorioso de la cancha cinematográfica.

Ronaldo la dirige Anthony Wonke, un británico ganador del Emmy y varios premios BAFTA. Por más que los productores (los mismos del documental sobre el piloto Ayrton Senna y la cantante Amy Winehouse) no hayan escatimado esfuerzos en contratar a un director importante, el filme no deja de ser la pasarela de un jugador mirándose al espejo: su día a día, sus hábitos, la relación con su único hijo, con su madre y con su agente, Jorge Mendes.

Messi la dirige Álex de la Iglesia, director español, autor de culto de títulos como El día de la bestia, Crimen ferpecto, La comunidad y 800 balas. Se trata de un narrador audiovisual creativo, de portentosa imaginación que plantea un coloquio en un restaurante entre los más allegados del deportista de Rosario. Una mesa la comparten Juan Valdano (guionista del filme) con Johan Cruyff (quien llega a agradecer a Dios por la existencia de Messi); en otra mesa, vecinos y compañeros de su primer equipo de fútbol en Rosario; al fondo están Gerard Piqué y Andrés Iniesta, sus compañeros desde niños en La Masía, junto con Javier Mascherano; en otra mesa sus profesoras de escuela desgranan recuerdos; un mantel aparte cobija a Alejandro Sabella con dos periodistas deportivos; más allá se lo puede ver al entrenador de La Masía que lo descubrió con el directivo del Barcelona que contrató al jugador desde temprana edad. Una mesa para César Luis Menotti no puede faltar en esta cena de apologías.

Mientras el filme de De la Iglesia es un messiscopio o caleidoscopio, gran alarde de ingenio narrativo por reunir a tantas personas para hablar del deportista ausente, el documento de Wonke tiene toda la estética de un making of de una sesión de modelaje con todas las convenciones estilísticas de la revistas del corazón.

Lo increíble es que pese a ser un filme tan egocéntrico, el director Wonke inserta a Messi al principio y casi al final, como si Ronaldo necesitara constantemente de su rival para poder definir y justificar su existencia. Esto sucede en los primeros minutos del filme y es presentado como la declaración de un deportista que ansía ser el mejor del mundo. La obsesión del portugués por el argentino es tal que aparecen los entretelones de la entrega del Balón de Oro de enero de 2015: “El contenido de ese sobre con el nombre del ganador puede cambiar tanto a una persona”, dice Cristiano metido en su personaje de obsesionado por su Némesis. “Ver a Messi ganar cuatro balones seguidos fue difícil para mí. Después de que ganó su segundo y tercer balones pensé en voz alta: No voy a venir aquí nunca más”. Para el tercer acto está reservada una aparición especial de Lionel Messi en la antesala del  Balón de Oro. Su hijo, Cristiano Jr., se acerca al jugador argentino con una admiración que no se oculta ni se disfraza. El rosarino se desenvuelve con tanta espontaneidad saludando al chiquillo que uno se pregunta: por qué no eliminaron esta escena que le hace quedar mejor a Messi. Y también hay declaraciones impropias que debieron haberse editado, como la que consignamos a continuación: “No te voy a mentir [ante la pregunta de por qué se empecinó en ir al Mundial de Brasil 2014 pese a que estaba lesionado], si tuviéramos dos o tres Cristiano Ronaldo en la selección de Portugal me habría sido sentido más cómodo”. También es prescindible del montaje final el brindis en el que Jorge Mendes y su cliente favorito se lanzan, con algunas copas de más, una serie de loas mutuas en las que sólo falta un beso.

De la Iglesia se suma a nombres respetables que se han dedicado a visualizar el mundo del fútbol de manera artística. John Huston y su Escape a la victoria (1981) con Pelé en un rol importante. Emir Kusturica y su genial documental Maradona (2008). Tom Hooper (The King´s speech) y The Damned United (2009). Wonke habrá engrosado su cuenta bancaria pero pasará a la historia como el títere de la megalomanía de un jugador que está en el ocaso de su carrera. Es imposible no tomar partido más allá de las preferencias. El filme de Álex de la Iglesia combina de manera magistral tres elementos: el material de archivo (los vídeos del padre, Jorge Messi, más lo que cedió la filmoteca de La Masía), el discurso de los comensales en el restaurante y la interpolación de escenas con actores que interpretan al niño prodigio, sus padres y demás familiares. El filme de Ronaldo usa este último elemento pero no con la sapiencia con la que lo hace Álex de la Iglesia. Hay momentos en los que la cámara de mano de la familia está enfocando en los años noventa las piernas del niño más veloz de la cancha y el director enseguida interpola las piernas del actor que ha contratado para darle vida cinematográfica; en otros pasajes memorables se mezclan en el montaje goles del niño con goles del adulto. Lo que quiero decir con esto es que Messi es más cine, tiene la capacidad de emocionar que carece su antípoda. Wonke inserta material en el que aparece el padre alcohólico (con un síndrome de estrés postraumático después de regresar de la Guerra de Angola) y Ronaldo dice de manera poco creíble alguna frase de reconocimiento. Pero nada más. Se pudo haber sacado partido de esa orfandad pero el destino final del documental es el espejo.

Las notas de prensa presumen de que las cámaras siguieron al portugués durante catorce meses en su cotidianidad para poder cristalizar la película. Álex de la Iglesia filmó su documento audiovisual en menos de tres meses. Para que nadie piense que este crítico es subjetivo, cito las estadísticas hechas por el  Wall Street Journal que pulverizó la película. De la hora con 29 minutos y 30 segundos que dura el documental, 7 minutos con 28 segundos Ronaldo aparece con traje o esmoquin; sin camiseta y mostrando su torso desnudo se lo ve de manera ininterrumpida durante 3 minutos con 45 segundos; 2 minutos con veinticinco se lo puede apreciar en aviones privados; su agente aparece en pantalla casi diez minutos enteros…

Anthony Wonke, en algunas notas de prensa, declara que su filme es acerca de “familia, sacrificio y dedicación”. ¿Está seguro de lo que afirma? De la familia únicamente aparece su madre quien resulta memorable por tomar medicación porque tiene un hijo con ansiedad de ganar cada partido y ella no disfruta verlo así; hay imágenes de supuesta convivencia con su hijo (cuya madre nadie sabe quién es) que se perciben tan forzadas (los dos viendo Tv, almorzando o haciendo las tareas); emerge también la figura del hermano mayor, exalcohólico, dirigiendo el museo en honor de Cristiano; no aparece por ningún lado Irina Shayk, su novia con la que convivió cinco años. El sacrificio deportivo no se lo ve en ningún momento: no hay imágenes de entrenamientos. Y de la dedicación sólo se aprecia a un tipo que aparece con el torso desnudo lavándose los dientes en la habitación de hotel después de haber ganado la Champions.

Álex de la Iglesia, a diferencia de Woenke, sí dio en el meollo con  declaraciones inteligentes a la periodista Patricia Suárez sobre sus intenciones al filmar el documental: “Nadie sabe cómo es Messi en realidad, la película en realidad es dirigida por los entrevistados y no por mí. Quiero que haya aquí lo mínimo de nosotros como equipo de rodaje y lo máximo de Messi. Pero yo soy una persona que quiere conocer a Messi; haciendo el documental lo estoy conociendo”. No pasa lo mismo con Ronaldo: uno no quiere conocerlo a medida que el filme avanza . No hay entrevistados y el director es en realidad él mismo. A Messi uno termina admirándolo más apenas concluye la proyección del filme. A Ronaldo uno no sabe si compadecerlo u odiarlo. ¿Quizá las dos cosas?

Mientras Messi de Álex de la Iglesia es un documento histórico, una “ficción” con amistades que públicamente lo ensalzan, o si se quiere, un comentario coral de sus virtudes futbolísticas, Ronaldo de Anthony Wonke es un triste autorretrato de un ego solitario y apartado para quien más importante  es preguntarle a su vástago, al abrir las puertas del garage, cuál de sus cuatro autos carísimos va a usar o cuán maravilloso es cantar “Stay” de Rihanna. Sin embargo, estos dos filmes demuestran una verdad de Perogrullo. Ronaldo tiene que existir para que Messi sea. Anverso y reverso de esa medalla llamada fútbol. El ángel y el demonio. El uno no tiene razón de ser sin el otro. El mundo sería aburrido sin ambos.

 

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