«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

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¿Cuál es la gran diferencia entre los documentales Ronaldo (2015) y Messi (2014)? El primero parece un publirreportaje en el que el ego del futbolista portugués desborda cada fotograma. En el segundo, el jugador argentino está ausente físicamente pero omnipresente en otros aspectos.

Ahora la batalla entre los dos jugadores contemporáneos más importantes de los últimos diez años parece haberse trasladado a la pantalla. Veamos quién salió victorioso de la cancha cinematográfica.

Ronaldo la dirige Anthony Wonke, un británico ganador del Emmy y varios premios BAFTA. Por más que los productores (los mismos del documental sobre el piloto Ayrton Senna y la cantante Amy Winehouse) no hayan escatimado esfuerzos en contratar a un director importante, el filme no deja de ser la pasarela de un jugador mirándose al espejo: su día a día, sus hábitos, la relación con su único hijo, con su madre y con su agente, Jorge Mendes.

Messi la dirige Álex de la Iglesia, director español, autor de culto de títulos como El día de la bestia, Crimen ferpecto, La comunidad y 800 balas. Se trata de un narrador audiovisual creativo, de portentosa imaginación que plantea un coloquio en un restaurante entre los más allegados del deportista de Rosario. Una mesa la comparten Juan Valdano (guionista del filme) con Johan Cruyff (quien llega a agradecer a Dios por la existencia de Messi); en otra mesa, vecinos y compañeros de su primer equipo de fútbol en Rosario; al fondo están Gerard Piqué y Andrés Iniesta, sus compañeros desde niños en La Masía, junto con Javier Mascherano; en otra mesa sus profesoras de escuela desgranan recuerdos; un mantel aparte cobija a Alejandro Sabella con dos periodistas deportivos; más allá se lo puede ver al entrenador de La Masía que lo descubrió con el directivo del Barcelona que contrató al jugador desde temprana edad. Una mesa para César Luis Menotti no puede faltar en esta cena de apologías.

Mientras el filme de De la Iglesia es un messiscopio o caleidoscopio, gran alarde de ingenio narrativo por reunir a tantas personas para hablar del deportista ausente, el documento de Wonke tiene toda la estética de un making of de una sesión de modelaje con todas las convenciones estilísticas de la revistas del corazón.

Lo increíble es que pese a ser un filme tan egocéntrico, el director Wonke inserta a Messi al principio y casi al final, como si Ronaldo necesitara constantemente de su rival para poder definir y justificar su existencia. Esto sucede en los primeros minutos del filme y es presentado como la declaración de un deportista que ansía ser el mejor del mundo. La obsesión del portugués por el argentino es tal que aparecen los entretelones de la entrega del Balón de Oro de enero de 2015: “El contenido de ese sobre con el nombre del ganador puede cambiar tanto a una persona”, dice Cristiano metido en su personaje de obsesionado por su Némesis. “Ver a Messi ganar cuatro balones seguidos fue difícil para mí. Después de que ganó su segundo y tercer balones pensé en voz alta: No voy a venir aquí nunca más”. Para el tercer acto está reservada una aparición especial de Lionel Messi en la antesala del  Balón de Oro. Su hijo, Cristiano Jr., se acerca al jugador argentino con una admiración que no se oculta ni se disfraza. El rosarino se desenvuelve con tanta espontaneidad saludando al chiquillo que uno se pregunta: por qué no eliminaron esta escena que le hace quedar mejor a Messi. Y también hay declaraciones impropias que debieron haberse editado, como la que consignamos a continuación: “No te voy a mentir [ante la pregunta de por qué se empecinó en ir al Mundial de Brasil 2014 pese a que estaba lesionado], si tuviéramos dos o tres Cristiano Ronaldo en la selección de Portugal me habría sido sentido más cómodo”. También es prescindible del montaje final el brindis en el que Jorge Mendes y su cliente favorito se lanzan, con algunas copas de más, una serie de loas mutuas en las que sólo falta un beso.

De la Iglesia se suma a nombres respetables que se han dedicado a visualizar el mundo del fútbol de manera artística. John Huston y su Escape a la victoria (1981) con Pelé en un rol importante. Emir Kusturica y su genial documental Maradona (2008). Tom Hooper (The King´s speech) y The Damned United (2009). Wonke habrá engrosado su cuenta bancaria pero pasará a la historia como el títere de la megalomanía de un jugador que está en el ocaso de su carrera. Es imposible no tomar partido más allá de las preferencias. El filme de Álex de la Iglesia combina de manera magistral tres elementos: el material de archivo (los vídeos del padre, Jorge Messi, más lo que cedió la filmoteca de La Masía), el discurso de los comensales en el restaurante y la interpolación de escenas con actores que interpretan al niño prodigio, sus padres y demás familiares. El filme de Ronaldo usa este último elemento pero no con la sapiencia con la que lo hace Álex de la Iglesia. Hay momentos en los que la cámara de mano de la familia está enfocando en los años noventa las piernas del niño más veloz de la cancha y el director enseguida interpola las piernas del actor que ha contratado para darle vida cinematográfica; en otros pasajes memorables se mezclan en el montaje goles del niño con goles del adulto. Lo que quiero decir con esto es que Messi es más cine, tiene la capacidad de emocionar que carece su antípoda. Wonke inserta material en el que aparece el padre alcohólico (con un síndrome de estrés postraumático después de regresar de la Guerra de Angola) y Ronaldo dice de manera poco creíble alguna frase de reconocimiento. Pero nada más. Se pudo haber sacado partido de esa orfandad pero el destino final del documental es el espejo.

Las notas de prensa presumen de que las cámaras siguieron al portugués durante catorce meses en su cotidianidad para poder cristalizar la película. Álex de la Iglesia filmó su documento audiovisual en menos de tres meses. Para que nadie piense que este crítico es subjetivo, cito las estadísticas hechas por el  Wall Street Journal que pulverizó la película. De la hora con 29 minutos y 30 segundos que dura el documental, 7 minutos con 28 segundos Ronaldo aparece con traje o esmoquin; sin camiseta y mostrando su torso desnudo se lo ve de manera ininterrumpida durante 3 minutos con 45 segundos; 2 minutos con veinticinco se lo puede apreciar en aviones privados; su agente aparece en pantalla casi diez minutos enteros…

Anthony Wonke, en algunas notas de prensa, declara que su filme es acerca de “familia, sacrificio y dedicación”. ¿Está seguro de lo que afirma? De la familia únicamente aparece su madre quien resulta memorable por tomar medicación porque tiene un hijo con ansiedad de ganar cada partido y ella no disfruta verlo así; hay imágenes de supuesta convivencia con su hijo (cuya madre nadie sabe quién es) que se perciben tan forzadas (los dos viendo Tv, almorzando o haciendo las tareas); emerge también la figura del hermano mayor, exalcohólico, dirigiendo el museo en honor de Cristiano; no aparece por ningún lado Irina Shayk, su novia con la que convivió cinco años. El sacrificio deportivo no se lo ve en ningún momento: no hay imágenes de entrenamientos. Y de la dedicación sólo se aprecia a un tipo que aparece con el torso desnudo lavándose los dientes en la habitación de hotel después de haber ganado la Champions.

Álex de la Iglesia, a diferencia de Woenke, sí dio en el meollo con  declaraciones inteligentes a la periodista Patricia Suárez sobre sus intenciones al filmar el documental: “Nadie sabe cómo es Messi en realidad, la película en realidad es dirigida por los entrevistados y no por mí. Quiero que haya aquí lo mínimo de nosotros como equipo de rodaje y lo máximo de Messi. Pero yo soy una persona que quiere conocer a Messi; haciendo el documental lo estoy conociendo”. No pasa lo mismo con Ronaldo: uno no quiere conocerlo a medida que el filme avanza . No hay entrevistados y el director es en realidad él mismo. A Messi uno termina admirándolo más apenas concluye la proyección del filme. A Ronaldo uno no sabe si compadecerlo u odiarlo. ¿Quizá las dos cosas?

Mientras Messi de Álex de la Iglesia es un documento histórico, una “ficción” con amistades que públicamente lo ensalzan, o si se quiere, un comentario coral de sus virtudes futbolísticas, Ronaldo de Anthony Wonke es un triste autorretrato de un ego solitario y apartado para quien más importante  es preguntarle a su vástago, al abrir las puertas del garage, cuál de sus cuatro autos carísimos va a usar o cuán maravilloso es cantar “Stay” de Rihanna. Sin embargo, estos dos filmes demuestran una verdad de Perogrullo. Ronaldo tiene que existir para que Messi sea. Anverso y reverso de esa medalla llamada fútbol. El ángel y el demonio. El uno no tiene razón de ser sin el otro. El mundo sería aburrido sin ambos.

 

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