«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

Archivo para julio, 2018

100 años del cineasta sueco: BERGMAN QUE TE QUIERO BERGMAN

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Cine como sueño, cine como música. No hay arte que, como el cine, se dirija a través de nuestra conciencia diurna directamente a nuestros sentimientos. Un pequeño defecto del nervio óptico, un efecto traumático: veinticuatro fotogramas iluminados por segundo, entre ellos oscuridad, el nervio óptico registra la oscuridad.

Ingmar Bergman

¿Quién no recuerda el plano general de unas siluetas bailando en la cima de una montaña? Es la Muerte que con su guadaña va guiando al resto de personajes hacia la última estación. ¿Quién no guarda en la memoria los planos y contraplanos de Bengt Ekerot que encarna a la Muerte jugando ajedrez contra el caballero medieval interpretado por Max Von Sydow? Estas imágenes de gran poderío visual corresponden a Det sjunde inseglet(1957) que es, quizá, el filme más divulgado de Ingmar Bergman (1918-2007), cuyo centenario se cumple el 30 de julio.

El caballero errante del filme citado –que puede ser un trasunto del mismo Bergman o de cualquier artista comprometido con su trabajo– busca procrastinar la muerte para enfrentarse a los cuestionamientos que le ha hecho a su fe. Va el célebre diálogo de The Seventh Sealen el que las reflexiones del cruzado parecen ser las mismas del guionista y realizador:

– ¿Es tan cruelmente inconcebible captar a Dios con los sentidos? ¿Por qué se esconde en una onda de promesas y pecados no vistos? ¿Cómo tendremos fe en la fe si no tenemos fe en nosotros? ¿Qué sucederá con los que no tienen ni quieren tener fe? ¿Por qué no puedo matar al Señor dentro mío? ¿Por qué a pesar de ser una realidad tan confusa no puedo deshacerme de él? Quiero sabiduría, no fe. Quiero extender mis manos hacia Dios, descubrir su rostro, que me hable, pero él permanece silencioso. Lo llamo en la oscuridad, pero a veces parece que no hubiera nadie.

– Quizá no haya nadie- contesta la Muerte.

– En ese caso la vida es un terror atroz. Nadie puede vivir con la muerte ante sus ojos y el conocimiento de la Nada de las cosas.

– La mayoría nunca reflexiona sobre la Muerte, ni sobre nada.

– Pero un día reflexionarán sobre eso y mirarán hacia la Oscuridad.

– Sólo ese día- enfatiza la Muerte.

– Entiendo lo que dices. Debemos hacer una imagen de nuestros miedos y llamarla Dios. La fe es sufrimiento, es como amar a alguien que está en la Oscuridad y gritarle.

Vale la enorme cita para refrendar una verdad de Perogrullo: todos los filmes bergmanianos son un grito en la oscuridad. Curioso que muchos lo tilden de ateo radical cuando en su autobiografía Linterna mágicasostiene que “la cosa no es tan sencilla, todos llevamos un Dios dentro de nosotros, todo es un dibujo que vislumbramos a veces, especialmente en el momento de la muerte”. Este artículo, pequeño homenaje a su centenario, pretende ser un dibujo o bosquejo de una filmografía comprometida consigo misma.

La película (de cual entresacamos el extenso diálogo), realizada en blanco y negro, como algunas de la primera etapa del realizador sueco, está influida enormemente por la antigua pintura religiosa, pues tal y como lo cuenta en su autobiografía le causaba mucha delectación los retablos, sagrarios, crucifijos, vitrales y murales de la iglesia de su Upsala natal. Este contacto primario con esa narrativa visual (una simbólica hagiografía de lo que será su cine) marcará para siempre su sensibilidad artística.

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La vida es oscura y el camino hacia el conocimiento está hecho de sombras, parece decirnos Bergman con El séptimo sello y algunas de las películas de esta etapa tempranera. Nadie como él supo plasmar en una película los intrincados presupuestos filosóficos como la fe, la muerte y Dios. Con su cine, el atormentado hijo de un pastor protestante, aportó con un espesor filosófico que antes estaba reservado para el reino del ensayo o de los textos filosóficos de Kierkegaard y Heidegger, para los escritos del sicoanálisis de Sigmund Freud, o para la literatura de Jean Paul Sartre y Albert Camus. La idea anterior es la más difundida entre los historiadores de cine, pero el estado del arte cambia constantemente sus mareas.

En el libro Cinema, Philosophy, Bergman(2009) de Paisley Livingston, se revela cuál fue la mayor fuente filosófica del realizador. Se trata de un positivista finlandés, Eino Kalia, que en 1934 publicóPsychology of Personality. En algunas ocasiones Bergman ha declarado cuán determinante fue esa experiencia lectora en su formación, pero desafortunadamente Kalia ha sido traducido únicamente al sueco y al danés. Películas como De la vida de las marionetas(1980) y Un verano con Mónica(1953) retomarían conceptos extraídos de Kalia: lo no auténtico y la irracionalidad motivada, la inexistencia de lo correcto o lo incorrecto, que calzan perfectamente en la propuesta de un cine orientado hacia la reflexión existencial. Livingston rastrea la paternidad epistemológica de Kalia quien postula que la influencia distorsionada de las fuerzas motivacionales ejerce constantemente presión sobre la razón y la fe. La sicología humana, según el pensador finlandés, está gobernada por el deseo y la necesidad, y el carácter aleatorio del deseo. En vista de la imposibilidad de concretar sus deseos (siempre según la interpretación de Livingston) los seres humanos están propensos a buscar satisfacción en objetos subrogantes que aparecen ritualizados (un espejo, el mar, unas fresas silvestres, un huevo de serpiente).

Esta visión rompe para siempre el canon metafísico con el cual se medían las obras del cineasta sueco. Todos aquellos presupuestos que se le atribuían a los filósofos paradigmáticos o al sicoanálisis resulta que provienen de Kalia. Lo que está por rastrearse (Livingston lo sugiere) es qué pensadores influyeron en el finlandés, ya que tanto Kalia como Bergman (por dar tan sólo un ejemplo) eran adeptos a Nietzsche cuyo fantasma nihilista merodea en algunos de sus filmes.

En un artículo aparte habría que consignar sus influencias. En Bergman on Bergman, un libro de entrevistas, el director confiesa su amor por Kurosawa (“El manantial de la doncellaes una turística y burda imitación del samurái”), Hitchcock (de quien tomó los planos secuencias y económicas dentro de estudios cerrados), y Robert Bresson (“Soy un fanático enloquecido de Diario de un cura ruralaunque lo encuentre insufriblemente superficial”).

No sólo la lente filosófica o intertextual debe primar en la celebración de este centenario. No se puede soslayar la tremenda versatilidad de un artista que trabajó en televisión, radio-teatro, fue asistente de ópera (lo que le permitió adaptar a Mozart) y adaptó a las tablas la sensibilidad escandinava (hizo versiones de Strindberg e Ibsen), la francesa (hizo Molière) y la inglesa (se atrevió con Shakespeare).

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Su cine fue el caldo de cultivo del cual surgieron nombres importantes como Max von Sydow, Ingrid Thulin, Bibi Andersson y Lena Olin. Con todos ellos hizo teatro y también cine. Su gran amor fue precisamente una de sus actrices fetiche, Liv Ullman, que lo trata sin piedad en su autobiografía Senderos:

Al cabo de un tiempo tuve que enfrentarme con sus celos. Violentos y sin límites. Nunca antes había experimentado algo así. Ahora, todas las puertas estaban cerradas, canceladas. Familiares y amigos, los recuerdos incluso, pasaron a ser amenaza para nuestra relación. Aterrada, sentí que sólo le tenía a él. Y cuando sus celos pusieron límites a mi libertad, entré en su territorio para crear allí los mismos límites para él. Experimentaba mi propia seguridad sólo en la medida que podía controlar su vida.

Entre retrato del artista no adolescente y poéticas (pero baratas) confesiones de alcoba, Liv Ullman da en la diana al proyectar la imagen del genio irascible que roza el maltrato físico y acomete con el ultraje sicológico. Pese a la dureza de las páginas que le dedica la actriz sueca, el director es benévolo y le responde en su Linterna mágicaque “su testimonio es, en líneas generales, amorosamente correcto. Se quedó unos años conmigo. Luchamos contra nuestros demonios lo mejor que pudimos”. De esa lucha endemoniada emergió una de las colaboraciones más fructíferas de la historia del cine como Persona (1966),Vergüenza (1968), La pasión de Anna(1969), La hora del lobo(1968), Sonata de Otoño(1978), Cara a cara(1975), Gritos y susurros(1972) y El huevo de la serpiente(1977). Su última colaboración como director y actriz sería el telefilme Sarabande(2003) donde retoma treinta años después los personajes de su miniserie televisiva Escenas de la vida conyugal(1973). Ullman extenderá su colaboración en otro nivel. Dirigirá Infiel(2000) y Encuentros privados(1996) con guiones que Bergman jamás logró filmar.

Pero no sólo actores dio la cantera del hombre que cumple su centenario natalicio. Está también el aporte luminoso de Sven Nykvist, el habitual cinematógrafo del director, que llegó a tener una amplia carrera fuera de Suecia. En su autobiografía, un jubilado Bergman confiesa extrañar a Nykvist: “Lo que más echo en falta es mi colaboración con él. Posiblemente se debe a que ambos estamos totalmente fascinados por la problemática y la magia de la luz. De la luz suave, peligrosa, onírica, viva, muerta, clara, brumosa, cálida, violenta, fría, repentina, oscura, primaveral, vertical, lineal, oblicua, sensual, domeñada, limitadora, serena, venenosa, luminosa. La luz”.

El historiador de cine David Thomson, en su New Biographical Dictionary of Film, nos da una luz cuando alaba la forma en que Bergman “no abandona su fe en una audiencia selecta, siempre preparado y entrenado para un involucramiento emocional con intelectualismo diligente”. Lo ve como el causante de la difusión y el crecimiento del art-house cinema y pondera la fijación del sueco por el alma y el corazón “con una furiosa pulcritud que fue descorazonadora y deprimente”. Lo que ningún historiador sabe explicar es cómo su cine altamente intelectual y difícil de digerir logró tres premios Óscar al mejor filme extranjero, una Palma de Oro y todo premio existente en Europa. Su caso es equiparable al de Federico Fellini (con el que mantuvo una entrañable amistad y un proyecto fallido) con un número similar de reconocimientos internacionales.

Cerramos con una idea importante de Thomson: es uno de los cineastas más imitados y parodiados del séptimo arte. Según el mismo analista, sin él no se entiende la nouvelle vagueque trasladó a la pantalla las preocupaciones estéticas de Bergman con mucho más desenfado y menos solemnidad. Otra prueba es el cine de Woody Allen del decenio de los setenta del siglo pasado. Desde Love and Deathhasta Interiores hay una obsesión por el cut and paste que practica abiertamente. Aparte de Allen, hay otros realizadores cuya filmografía hay que analizarla a partir de Bergman. Coppola y su Rain people (1969), Todd Haynes y su calidoscopio de yoesen I´m not there (2007), David Fincher y la premisa de la doble personalidad en The Fight Club (1999), y así podríamos seguir con otros narradores audiovisuales contemporáneos.

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Es el hombre que llevó el cine al mundo interior del ser humano, en palabras de Thomson. Es el primer cineasta que realmente filosofó sobre los recovecos más intrínsecos de la existencia, según palabras nuestras. Es realmente notorio que el cine del sueco indague sobre la misma esencia del filosofar, ejercicio que requiere de la previa existencia del lenguaje oral o escrito. Bergman hace que uno se cuestione si las palabras son realmente el vehículo preciso para los densos conceptos de la filosofía. A lo mejor la cámara, con su correspondiente puesta en escena y puesta en abismo, son las verdaderamente ideales para filosofar si nos atenemos a la vasta filmografía del autor de Fanny y Alexander. El cineasta escandinavo hace que uno se pregunte qué pasaba realmente con la filosofía antes del advenimiento del séptimo arte. ¿Dónde estaba la pregunta por el ser antes de él? La respuesta la ensayó cámara en mano y siempre dio en el blanco. Nos vemos en cien años más para una nueva evaluación de este realizador.

 

Bibliografía

Linterna mágica(Barcelona, Tusquets, 1988) de Ingmar Bergman.

Senderos(Barcelona, Pomaire, 1978) de Liv Ullman.

Bergman on Bergman. Interviews with Ingmar Bergman(New York, 1973, Simon & Schuster) de autores varios.

The New Biographical Dictionary of Film(New York, Alfred A. Knopf, 2010) de David Thomson.

Cinema, Philosophy, Bergman(New York, Oxford University Press, 2009) de Paisley Livingston

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