«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

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EN EL JUEGO DE TRONOS, GANAS O MUERES DE CURIOSIDAD

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Partamos de un lugar común: “El mejor cine se está haciendo en la televisión”. Habría que añadir el dato harto conocido de que la cadena norteamericana HBO es la pionera, en esta línea del telecine, con el éxito descomunal de Los sopranos(1999-2007) y ahora está saboreando la efervescencia de un serial con reyes y guerreros como protagonistas.

Vamos a otro tópico muy visitado: Juego de tronoses la serie más exitosa de todos los tiempos. Esta frase hay que diseccionarla con algunas cifras. En el año 2012 la icónica revista neoyorkina Vulture.com designó esta saga como la más venerada por los fanáticos. Esta designación decapitó nombres como los de Oprah Winfrey, Star Trek, Star Wars, Harry Potter y Twilight. En el 2013 los siguientes números fueron difundidos sin pudor: hay 5.5. millones de fans detectados en bases de datos de Internet. Un millón y medio de esos fanáticos se encuentran en Estados Unidos. Una curiosidad onomástica: Hay más de setecientos padres de familia que han bautizado a sus recién nacidos con nombres de algunos de estos personajes (el más popular es el femenino Khalissi). En el 2014 la serie entró al Libro Guinness de los Récords como el producto audiovisual más pirateado: seis millones de descargas ilegales por cada episodio. En el 2015 se convirtió en el serial más galardonado con el Emmy (el Óscar de la televisión): 12 premios se llevó la quinta temporada y hasta hubo mandatarios que salieron del clóset del poder para declarar amor incondicional a los Siete Reinos: Barack Obama y Cristina Fernández no tuvieron ningún reparo en declarar públicamente que eran parte de la fanaticada. Cifras de audiencia proporcionadas por la revista especializada Variety: 2.2 millones de televidentes la primera temporada. Se duplicó en la segunda. Llegó a 4.37 millones en la tercera y la quinta alcanzó los 7 millones. Esta sexta detecta ya 8 millones. Inclusive hay una versión porno de la serie que se titula A game of bones: Winter is cumming.

Pero, ¿cómo empezó todo? En el principio fue Canción de hielo y fuego, novela de ochocientas páginas que apareció en 1996 y enseguida se convirtió en un best seller. Luego vinieron Choque de reyes(1998), Tormenta de espadas(2000), Festín de cuervos(2005) y Danza de dragones(2011). Está en camino una sexta parte, The Winds of Winter, sin fecha cierta de publicación. Los ingredientes de las cinco mil páginas siempre sonaron a J. R. R. Tolkien: reyes, dragones, guerreros, elementos mágicos, idiomas inventados, mapas de reinos lejanos, ecos de cantares de gesta medievales… sin el sexo y la violencia extrema, claro está. Los seguidores estaban agradecidos a finales del siglo pasado que la saga literaria no pudiera ser llevada al cine. Era imposible adaptar tanto material en pocas horas de metraje. Estaba también el obstáculo de las escenas sexuales y la violencia que oscilaba entre lo gorey snuff. Sólo HBO, una estación televisiva privada, tenía la oportunidad de transmitir semejante material en prime time. Los antecedentes de la premiada Los Sopranos(con su díada temática de poder y muerte) la ponían como la única mocionada para adaptar los libros.

George R. R. Martin (New Jersey, 1947) empezó su carrera en la literatura de ciencia ficción (ganó algunos premios del género, incluyendo el Hugo). A mediados de los años setenta con una colección de cuentos fantásticos que tituló Una canción para Lya y otras historiastuvo buenas reseñas pero estuvo lejos de ser un éxito de ventas. Fue entonces cuando Martin se cambió de reino inmediatamente. A principios de los ochenta trabajó en el equipo de guionistas de The twilight zoney La Bella y la bestiacon Linda Hamilton y Ron Pearlman.

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David Benioff y D. B. Weiss de HBO convencieron al autor de poder adaptar las cinco mil páginas de la saga. Ellos son los responsables del desarrollo audiovisual de los siete reinos. Ambos han sabido captar a la perfección las dinámicas sociales de ese gran continente imaginario llamado Westeros: los matrimonios arreglados, las promesas incumplidas, las traiciones continuas… La serie incluso ha vuelto más interesantes las subtramas de personajes marginados como verdugos, amantes homosexuales, traficantes de esclavos, prostitutas y forajidos. Mientras Tolkien necesitaba de bestias fantásticas como los trolls, los Nazgul o los Uruk-Kai, Martin presenta a casi todos los personajes como monstruos dispuestos a matar y a traicionar en cualquier momento. Este catálogo razonado de animales humanos implica un conocimiento superlativo de técnicas guionísticas con puntos de giro siempre sorprendentes: los príncipes se convierten en esclavos, los caballeros no siempre protegen a mujeres y niños, un ser libre de repente es capturado, un personaje muy querido por la audiencia es víctima de una violación, una boda de larguísima preparación termina en matanza, a un noble atractivo se le amputa una parte de su cuerpo para convertirse en discapacitado, los bastardos se convierten en comandantes, un enano resulta ser el más sagaz de toda la Corte, dos hermanos cometen incesto… Y está el detalle capital de una serie televisiva en la que el espectador se enamora literalmente de personajes que luego verá morir de manera súbita. Es que el lirismo y la magia es para Tolkien; Martin es el maestro de ceremonias de un circo salvaje y no le interesa para nada ser el domador.

Hay muchas formas de leer Juego de tronos. Una es la perspectiva política. Cada capítulo es una lección sobre las diversas formas de ejercer contra el poder, la soberanía, las relaciones internacionales, la defensa del territorio y la familia. Nótese el uso de la palabra contra. La serie pulveriza todos los conceptos anteriormente consignados. Hasta lo familiar se convierte en algo que no siempre se respeta. El fantasma de Maquiavelo sonríe en cada capítulo mientras las alianzas se hacen y se deshacen. Las negociaciones despiadadas que terminan en constantes asesinatos hacen que House of cards, la serie de Netflix, parezca un juego de niños.

Otra óptica es la feminista. El personaje medular es la Madre de los Dragones, Daenerys, una esclava que se ha convertido en la Reina de Dothrak, liderando en su viudez a un pueblo en diáspora, sin territorio. Sus monstruos alados son el arma de destrucción masiva más poderosa que la distingue. Cada enemigo que encuentra a su paso la denigra por su condición femenina pero de cada conflicto ella parece salir avanti pues desafía a los enemigos patriarcales que la amenazan. Pero hay personajes femeninos de mayor o igual fortaleza. Lady Catelyn Starr domina el escenario como líder familiar tomando decisiones en contra de su hijo que quiere reinar a su manera. Arya gusta de rechazar cada rol femenino que la sociedad le quiere asignar. La enorme Brianne (una especie de Juana de Arco andrógina) da ejemplos de lealtad y valentía que ningún personaje masculino podría ostentar.

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Una tercera lectura es la ecologista. “El invierno está llegando” no es una frase gratuita. La catástrofe climática es inminente. Mientras los reyes chocan entre ellos hay fuerzas invisibles dentro de la tierra que son más que una metáfora apocalíptica.

Una cuarta perspectiva concierne a las políticas de migración y seguridad. Los Guardianes de la Noche son proscritos que se encargan de cuidar los límites de un territorio. Expulsados de la sociedad han devenido en custodios del orden del cual fueron expulsados. Hordas bárbaras acechan al igual que muertos vivientes. La alegoría parece clara: los grupos sociales tienen que ir cambiando sus estructuras porque se sienten amenazados por la naturaleza cambiante. Es la única manera que tienen de sobrevivir.

La que es quizá la última forma de leer Juego de tronoses la literaria. Adentrarse en los libros de George R. R. Martin no es cualquier cosa. Son obras que reclaman su lugar en la buena literatura y sobre todo en ese canon que está por hacerse que es la epic fantasy. Está en primera instancia el desafío lingüístico. El autor usa arcaísmos del inglés antiguo de gran elegancia pero de difícil entendimiento. Esto hace más peculiar la existencia de una cofradía de fanáticos que desde fines del siglo pasado vieron en el autor una especie de Shakespeare de la fantasía épica. Este género tan comercial se vio inyectado por nuevas estrategias narrativas a través de este inusual tratamiento del lenguaje. Inclusive formas tan antiguas como Lord, Milord, Milady se convirtieron en normales para los lectores y ahora los espectadores. Otro elemento que acerca el universo de Martin a la Edad Media es la exhaustiva descripción de los emblemas de cada casa familiar o linaje. La heráldica resulta una disciplina obligatoria para describir el estilo de vida y muerte de cada familia. Por algo las ediciones de bolsillo de cada libro tienen en su tapa un emblema animal claramente diseñado.

La sexta temporada ha comenzado después de que el autor ha sido urgido por un contrato a emprender la escritura del sexto libro, The winds of Winter. La posibilidad de filmar una película tampoco se descarta para clausurar la serie televisiva. El capítulo 1 que fue estrenado el 24 de abril pasado trajo la resurrección de un personaje que se ha convertido en el héroe en su acepción más clásica. Las diversas subtramas y la pléyade de caracteres apuntan a un solo objetivo dramático: la obtención del trono hecho de todas las espadas arrebatadas a los enemigos. Los espectadores esperarán a ver si se cumple la regla de oro que se ha instaurado desde la temporada primera: “Cuando participas en el juego de tronos ganas o mueres”. Esperemos ver quiénes sobreviven este año.

LA PRIMERA GUERRA TELEVISADA EN VIVO

Mick Jackson (1943) no es ningún caído de la hamaca. Entre sus créditos constan esfuerzos serios como Temple Grandin (2010) y LA Story (1991) y apuestas taquilleras como Volcano (1997) y The bodyguard (1992). La cadena norteamericana HBO, siempre dada a hacer buen cine en pantalla pequeña, se lanza a la adaptación de Live in Baghdad: Making journalism history behind the lines (2002) de Robert Wiener, quien anteriormente había cubierto la guerra de Vietnam y el conflicto de los Balcanes.

La historia es más o menos la siguiente. El 23 de agosto de 1990, Robert Wiener (Michael Keaton en el filme), productor ejecutivo de la CNN, llega a Irak en compañía de su equipo técnico. Su misión: cubrir la inminente guerra que se acercaba. La ONU le da a Irak plazo hasta el 15 de enero de 1991, para que desocupe Kuwait. A sabiendas de que Saddam Hussein no va a respetar el ultimátum, la más joven cadena noticiosa decide instalarse en el centro de la tormenta.

Live in Baghdad (2002),  la película de Mick Jackson, con un guión escrito por un equipo comandado por Wiener, comprime los cinco meses de estadía y presenta la descarnada lucha de los medios occidentales por conseguir la mejor cobertura bélica.

Muchos periodistas, entre ellos Dan Rather y Carl Bernstein, fueron a Baghdad en busca de la primicia, pero apenas la obtuvieron se embarcaron en el avión de regreso. Esto no ocurrió con Wiener y su equipo que de manera irreverente y testaruda se quedaron «donde las papas queman», como dice el lugar común.  La base de operaciones fue el hotel Al-Rasheed a pocas cuadras del palacio de gobierno y el parlamento. Todos los periodistas se fueron de la capital iraquí menos la CNN con tres de sus anchors estrellas: Peter Arnett, Richard Roth y Bernard Shaw.

La película no sólo muestra los temblores y bombazos que dominaron la cotidianidad de los reporteros, sino también la forma en que las autoridades iraquíes intentaron manipular y amedrentar a los periodistas. La CNN no vaciló en transmitir de manera detallada todo lo que estaba pasando. Después de todo era el único canal en el mundo que trasmitía noticias durante las veinticuatro horas.  Ministros de estado fueron entrevistados y la situación local fue analizada día a día, de tal forma que constituyó la primera cobertura cronológica completa de un conflicto bélico. De esta forma el gobierno iraquí accedió a tener deferencias con la CNN. La más importante fue proveerles de un aparato (four wire telephone system) que les permitió comunicarse con Atlanta de manera continua. La otra deferencia fue permitirle al canal norteamericano estar en Kuwait, país ocupado por los iraquíes. Lo que el gobierno pide a cambio es arena movediza. Tienen que mostrar el otro lado de la realidad como respuesta a una campaña anti Hussein que informa de una supuesta irregularidad en hospitales nacionales: los soldados iraquíes están matando bebés. Los sacan de sus incubadoras y los arrojan al piso. Wiener y su equipo hace la cobertura hospitalaria pero siente que ha sido engañado. El doctor entrevistado da declaraciones de manera nerviosa. Se siente mal porque se sabe utilizado. Al rato descubre que la CNN está en boca de todos los noticieros occidentales ya que es el único canal que ha llegado a la frontera con Kuwait, país ocupado por el ejército de Hussein. Ingrid Formanek (Helena Bonham Carter), la otra productora del equipo, es muy explícita al respecto: «Nos hemos convertido en la noticia». Cuando Wiener le reprocha al ministro de información por la jugarreta, este último responde: «Todos los gobiernos usan a la prensa. Es la realidad. Usted me usa y yo lo uso. Somos lo mismo».

Secuencia memorable es la de los bombardeos: verdadero clímax del filme. Apenas empieza, todo el equipo tiene que ir al sótano del hotel (donde hay un refugio antinuclear). Sólo los tres anchors  (Arnett, Roth y Shaw) permanecen en la habitación de uno de los altos pisos, con la cámara funcionando en modo automático.  Los tres (más Wiener que se escapa del refugio) dan una lección de profesionalismo. Pese al bombardeo que tienen enfrente no dejan de describir todo lo que está pasando.

Live in Baghdad es algo más que el testimonio sobre la primera guerra televisada en tiempo real que entró a los hogares. Es también el primer triunfo de la CNN, cadena fundada en 1980 por Ted Turner con la siguiente premisa: proyectar las noticias globales como si fueran locales.  Tanto el filme como el libro constituyen una oda al trabajo en equipo, a cómo la perserverancia en grupo puede triunfar en una situación bélica. Buen homenaje a una guerra noticiosa en la que salió victorioso un canal joven.

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