«Y entonces el Califa le dijo a Scherezada: "Cuéntame una película que me ayude a pasar la noche"».

Entradas etiquetadas como ‘Robert Downey’

THE AVENGERS: UNA ESPECIE DE SECUELA DE THOR

And there came a day, a day unlike any other… when Earth’s mightiest heroes found themselves united against a common threat… to fight the foes no single superhero could withstand… on that day, The Avengers were born.

Este parlamento de Nick Fury (Samuel L. Jackson) debe ser contestado. Ojalá nunca hubiera llegado el día en que los más grandes héroes de la Tierra se reunieran. La pregunta de entrada es si The avengers (2012) tiene algún tipo de valor cinematográfico. La respuesta es negativa. Es un filme para las masas y hurga en la abundante mitología de Marvel Comics. El procedimiento narrativo se llama hipertextualidad cruzada: se toman personajes de diversas fuentes y se las une o reúne en una narración única. Algo así como lo acaecido con La liga extraordinaria (2003).

Dicho eso. Vamos con la calidad o falta de calidad en la historia. Estamos ante una especie de secuela de Thor (2011). Nada más. Se trae al villano de ese filme para insertarlo en un contexto terrícola.

Sobre los efectos especiales no hay que consignar ninguna loa o reparo. Todo luce dentro de lo ordinario y predecible en el aspecto visual. Dos escenas mencionables: la pelea entre Iron man y Thor en el primer acto y la batalla final.

¿Fiascos actorales? Sólo uno. ¿Quién le dijo a Scarlett Johansson que ella podía hacer de súper heroína? Sobreactuada. Postiza. Poco convincente en su rol de Viuda Negra. Jeremy Renner (Hawkeye), de estatura similar y mejor actor, se las ingenia para hacer verosímil su papel.

¿Actuaciones memorables? Claro. La de Robert Downey Jr como el socarrón billonario Tony Stark. Algunas perlas dignas de destacar de este personaje:

Dirigiéndose a Thor: No hard feelings Point Break, you’ve got a mean swing.

Dirigiéndose a Mark Ruffalo: Dr. Banner, your work is unparalleled. And I’m a huge fan of the way you lose control and turn into an enormous green rage monster.

Quizá el más memorable de todos los parlamentos de Downey Jr. viene en el siguiente diálogo con Capitán América:

Tony Stark: No offence, but I don’t play well with others.

Steve Rogers: Big man, in a suit of armour… take that away, what are you?

Tony Stark: Uh… genius, billionaire, playboy, philanthropist…

Tom Hiddleston (Loki) está desperdiciado en su rol chato del malo del filme, tomando en cuenta que lo vimos hace poco como el segundo dueño de Caballo de guerra de Spielberg, o como Francis Scott Fitzgerald en Midnight in Paris (2011). Quien realmente se lleva las palmas es Hulk (con voz de Lou Ferrigno): la escena en la que golpea a Thor simplemente por las ganas de agredir a alguien o la vertiginosa transformación de Bruce Banner en la confrontación final. Esta última metamorfosis ante la mirada asombrada de Capitán América:

Steve Rogers: Doc… I think now is the perfect time for you to get angry. Bruce Banner: That’s my secret Cap, I’m always angry.

Otra escena digna de mención es aquella en que Loki es aplastado por Hulk inmediatamente después de decir lo siguiente:

Enough! You are, all of you, beneath me. I am a god you dull creature, and I will not be bullied by…

Dos para el estribo. La cameo appearence de Stan Lee, todopoderoso creador de este pequeño Olimpo de Marvel. Y la escena inesperada que consta al final de los créditos. Se recomienda al público no salir de la sala hasta que aparezca el último nombre.

There was an idea to bring together a group of remarkable people, so when we needed them, they could fight the battles that we never could.

La idea no es extraordinaria, ni el grupo es tan remarcable, como dice Nick Fury en las dos líneas citadas. Esta película promete ser la primera de una saga comercial con el mismo procedimiento de la hipertextualidad cruzada. Y sí que será una batalla para los guionistas que tendrán que hacer algo más creativo que en este caso. Es fácil hacer filmes con la fórmula tecnológica de Transformers.

We are not a team. We are a time bomb, dice Bruce Banner. Y tiene razón. La bomba explota en la taquilla planetaria atrayendo a multitudes por doquier. Popcorn movie. Blockbuster. Película de fin de semana.

Anuncios

PROVOCADOR POR NATURALEZA

Oliver Stone es un hijo de la ira y un provocador por naturaleza. Ni su exquisita educación, ni los plácidos veraneos en Francia, ni todo el dinero de papá (un ambicioso hombre de negocios de la bolsa de valores que acabó arruinándose y a quien dedicó la película Wall Street) pudieron evitar que se convirtiera en la oveja negra de la familia y en uno de los mayores azotes de la conciencia colectiva norteamericana.

Este terrorista cinematográfico —provocativo, iconoclasta, escandaloso, sensacionalista como él solo—se ha encargado de introducir el dedo en las llagas de la historia de Norteamérica. Su apellido significa piedra y eso es lo que él es: una piedra arrojada con fuerza contra el sistema, contra los valores y creencias tradicionales. Siempre toca los temas más espinosos de la memoria colectiva: el mundo corrupto

Cover of "Natural Born Killers (Unrated D...

Cover via Amazon

de la bolsa de valores (Wall Street), el complot del asesinato de Kennedy (JFK), y la guerra de Vietnam (ver la trilogía conformada por Platoon, Born on the fourth of July, Heaven and earth).

Asesinos por naturaleza  (Natural Born Killers, 1993), filmada antes de Nixon (1995), es la historia de Mickey y Mallory, dos jóvenes que pasan su luna de miel viajando, cometiendo atracos y asesinatos de la manera más campante y divertida. Estamos ante dos perversos polimorfos que actúan bajo algún endemoniado principio de placer.

Escribir sobre este filme—basado en una historia de Quentin Tarantino— sanguinariamente perverso, apenas se ha terminado de espectar, es algo imposible. Uno sale del cine más turbado que nunca, como si se hubiese inhalado o fumado una mixtura de imágenes violentas, sicodélicas y de dibujos animados, las cuales parecerían seguir flotando fuera de la sala del cine al concluir los 122 minutos del Stone más pesadillesco que se pueda imaginar.

La velocidad de la narración es de una celeridad espeluznante. Esto no es una hipérbole. Quien desee ver Asesinos por naturaleza tiene que asumir que la butaca donde está sentado tiene cinturón de seguridad y que uno forma parte de un vuelo cinematográfico por lo demás único.

Stone ha declarado que este filme tiene 3.000 imágenes, una filmación de 53 días y una edición que llevó cerca de un año. Quizá su equipo de postproducción contabilizó erróneamente, pues parecería tener más imágenes de las que parece.

Algo que resulta altamente ilustrativo sobre las intenciones de este filme es la inserción del show I love Mallory, una terrible parodia de la comedia de Lucille Ball, con Rodney Dangerfield en el papel de un grotesco e incestuoso padre.

Stone no usa la parodia del género cómico televisivo para explicar el homicida comportamiento posterior de Mallory. La comedia misma, con su risa pregrabada que aparece en los momentos más grotescos, es parte de la idiotez cultural a  la que se está aludiendo.

Si los jóvenes asesinos de este filme parecen ser mentalmente incapacitados, o sea tele-idiotas, significa que los consumidores de la cultura de la mini-pantalla también lo son.

De hecho, aparece en la cinta un programa televisivo titulado Maniáticos norteamericanos, que raya en el más estúpido e hiperbólico de los sensacionalismos y que tiene entre sus seguidores a un gran audiencia de jóvenes gringos. Recordemos la afirmación de un fan adolescente dentro de las encuestas que hace el programa: “No digo que apruebe el asesinato en masa. Pero si yo fuera un asesino, me gustaría ser como Mickey y Mallory”. Me contradigo, luego existo, parece ser el eslógan de la juventud embobada por la caja boba (no me perdonen la redundancia).

Un personaje trascendental es Wayne Gayle, el anfitrión del programa, personaje basado en el pionero de la televisión sensacionalista, Steve Dunleavy, que Robert Downey Jr. (el actor que lo encarna) estudió para realizar una interpretación convincente por su cinismo, su narcisismo, y por el patetismo de su muerte. Al final de la persecución, Mickey y Mallory deciden aplicar en Wayne Gayle el toque de su estilo homicida: “siempre dejamos viva a una persona, para que haya alguien que cuente la historia”. El personaje de Downey pregunta que por qué entonces lo van a matar y recibe una respuesta contundente: “Esta cámara portátil que filmará tu ejecución será lo único que quede vivo” .

La metáfora es clave para entender la película. Se deja viva a la cámara, y se mata al periodista. No se mata a un individuo sino a lo que él representa: una institución que, en este filme, está venida a menos. Se mata simbólicamente a los mass media, que constituyen la industria de lo ilusorio, la maquinaria de la mentira, según lo que Stone nos quiere dar a entender.

Nube de etiquetas